lunes, 5 de diciembre de 2022

EL PODAVÍN DONOSTIARRA

 Resulta grandemente curioso el conocer el conflicto surgido entre patronos y obreros del agro donostiarra, enfrentándolos en detrimento de los intereses de ambas parte y de la propia producción. El rendimiento de las viñas y manzanales donostiarras había experimentado en el siglo XVI grave quebranto, por supuesto falta y culpa de los podavines, que querían aumentar sus jornales. Creyéndose mal remunerados pedían y hasta exigían retribución mayor y a falta deotros recursos, acudieron a la huelga.

El buen sentido donostiarra de amos y criados, de patronos y obreros, se impuso. El conflicto halló cauce jurídico para su más justa resolución apenas planteado. Lo que hoy llamaríamos patronos eran conocidos con los nombres de amo, propietario o heredero, y los obreros con los de trabajador, jornalero, cavador o podavín.

Los trabajadores del campo estaban divididos en tres categorías : los oficiales, los mozos o criados y los aprencices. La edad mínima de estos últimos estaba fijada en los quince años. La duración de la jornada de trabajo era de sol a sol, esto es de seis de la mañana a seis de la tarde durante los seis meses más benignos del año, y de siete de la mañana a cinco de la tarde el resto del año. Por tanto durante seis meses la duración de la jornada era de doce horas nominables y de diez durante los otros seis, "sin salir de la labor", esto es, al pie del tajo, pero interrumpida por dos períodos de una hora para comer y merendar respectivamente, seguidos del correspondiente descanso.

La remuneración era un jornal "cómodo y honesto" para el trabajador; soportable y conveniente para el amo. Era una remuneración en especie y en dinero; desde un real hasta un real y cuartillo, más el pan y companage, según clase de trabajo y companage que consistía en tocino, chorizo o queso.....

El trabajador no podía abandonar el trabajo caprichosamente ni el amo despedirlo arbitrariamente o injustamente. Un tribunal especial tenía facultades para terciar, estudiar y dirimir conflictos y diferencias entre patronos y obreros. El trabajador tenía que hallarse inscrito en el libro-registro de la profesión como tales trabajadores y en caso contrario no podían trabajar como asalariados.

Amos y criados se reunían anualmente en la iglesia de San Martín, sita en los arenales extramuros de la villa, para la elección de los cuatro diputados y de los tres hombres buenos que constituían la Comisión de la  Hermandad para el examen de cuentas y resolución de los conflictos. Todos estos datos están tomados del libro "El trabajo agrícola donostiarra en el siglo XVI" del que fue autor José Manuel Gandásegui, delegado del Trabajo de Guipúzcoa.

KOXKAS - R.M. - 05/12/2002


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