jueves, 29 de octubre de 2026

Don Julio Urquijo

 Don Julio Urquijo

R.M.

LO recuerdo de mis años mozos en su tertulia en el Club Náutico, con Churruca, Olazabal, Aycinena, alguna vez el marqués de las Hormazas. El era don Julio de Urquijo e Ibarra, conde de Urquijo, un excepcional filólogo, eminente investigador de la lengua vascongada

A finales del siglo pasado, yendo de propaganda electoral con don Tirso de Olazabal por el distrito de Azpeitia, se despertó su afición al vascuence, una vocación que ya tenía desde que era estudiante en Deusto. Le había Ilamado la atención el “volapuk” , ensayo de idioma universal, construido artificialmente que salió a la luz pública en 1880. Su autor era un sacerdote suizo ,Urquijo, entonces un mozo, mantenía correspondencia con algunos de los promotores de aquel movimiento. Pero en la ocasión aludida encontró en un caserío azpeitiano algunos libros impresos en lengua vasca.

Empezó a buscar otros y a formar su magnífica, única biblioteca de asuntos relativos al vascuence a la vez que se entregaba al estudio de esta lengua

En 1918, en el famoso Congreso de Estudios Vascos de Oñate, hizo un examen del estado de la lengua vasca, que dejó pequeños a todos los sabios, que fueron muchos, que intervinieron en aquella asamblea.

Urquijo no puede decirse que fuera vizcaíno, alavés y guipuzcoano, sino vascongado. Había nacido en Bilbao en 1871, en el seno de una familia con amplias vinculaciones con la vida pública. Cursó estudios en la Universidad de Deusto, licenciandose en Salamanca. Militante en la Comunión Tradicionalista, a los 32 años fue diputado a Cortes por primera vez, cargo que ocupó de nuevo en varias legislaturas, la última en la de 1931, en las primeras Cortes de la República, en las que intervino activamente en defensa de la Religión y de la Patria.

En el campo de la erudición vascongada desarrolló una actividad extraordinaria como historiador, como filólogo, como bibliófilo y como fundador y director de la 'Revista de Estudios Vascos. Fue académico de la Academia de la Lengua Vasca, correspondiente de la Real de la Historia, doctor 'honoris causa por la Universidad de Bonn.

Como carlista, acompañó a don Carlos VII en dos ocasiones, durante seis meses, de noviembre a mayo, en 1907 y 1908, y era interesantísimo oírle referir sus recuerdos de las conversaciones con Don Carlos.

Es imposible aprisionar en unas pocas líneas la personalidad de don Julio Urquijo, fallecido en San Sebastián donde vivía en la plaza del Centenario, el 29 de octubre de 1950. Los periódicos publicaban amplias biografías de aquel hombre


(29.10.1998)


El tranvía eléctrico

 El tranvía eléctrico

R.M.

LOS primeros tranvías que circularon en San Sebastián fueron los llamados tranvías de mulas. Fue el 18 de julio de 1887 cuando se inauguró la primera línea, que iba de La Concha a la Alameda y seguía a Ategorrieta.

Una nueva estampa ofrecía la ciudad desde aquel día. El restallar de las fustas, el alegre cascabeleo de los collarones de los caballos y mulas y los gritos de los cocheros ponían una nota nueva en la urbe.

Diez años después, estos tranvías fueron sustituidos por otros, movidos por electricidad. El recorrido se inició el 22 de agosto de 1897 en Ategorrieta hasta Rentería.

Los coches motores eran espaciosos y cómodos y, aunque cerrados, bastante frescos, pues los cristales de las grandes ventanas podían bajarse. Servían de remolcadores a las jardineras del servicio anterior, el de tracción animal.

El periódico daba curiosos detalles de los nuevos tranvías. Decía que el pito de los mayorales había sido sustituido por un timbre que producía aislados sonidos.

El conductor manejaba todo el mecanismo con una palanca que movía con la mano izquierda, mientras que con la derecha empujaba el torno del freno.

La velocidad era mayor que la de los antiguos tranvías y las paradas eran casi instantáneas, porque con un solo movimiento quedaba cortada la corriente eléctrica y el freno obraba en el acto.

Pero lo que más elogiaba el periódico era el alumbrado. El coche motor llevaba un foco reflector que alumbraba toda la vía, sirviendo de aviso a gran distancia. Cada jardinera llevaba tres lámparas de 16 bujías. Al subir las pendientes se notaba disminución de luz. consecuencia natural de la mucha energía que requería la tracción para arrastrar el vehículo.

La inauguración oficial de los nuevos tranvías tuvo lugar el 29 de octubre de 1897.

A las 3 de la tarde, salieron de la plaza Vieja para Ategorrieta dos jardineras conduciendo a los invitados a la inauguración del tranvía que, tras visitar la central eléctrica, recorrieron toda la línea desde Venta Berri a Rentería, donde en el restaurante Oarso-Ibai fueron obsequiados con un lunch.

Se les informó que el servicio lo prestarían 24 tranvías a Rentería y 38 a Venta Berri. Junto al puesto del conductor había un cartel que decía: “Se prohíbe hablar al wattman”.

Aquello fue un adelanto prodigioso que todo el mundo miraba con admiración.

Estos días se ha escrito de la posibilidad de reinstaurar un metro ligero de superficie



(29.10.1997)


Un héroe guipuzcoano

Un héroe guipuzcoano

R.M.

Ardía la guerra en Cuba donde las tropas españolas luchaban contra los insurrectos levantados contra la metrópoli por los cabecillas Martí, Máximo Gómez y Antonio Macedo. No faltaban los soldados guipuzcoanos que combatían con bravura, con heroísmo, ya derramando su sangre en el campo de batalla, ya pereciendo en un hospital a consecuencia de la traidora fiebre amarilla. Los periódicos de San Sebastián daban constantemente noticias de lo que acontecía en la bella isla del Caribe.

En el mes de noviembre de 1896 publicaban la información relacionada con un acto heroico realizado por el cabo guipuzcoano Fernando González Zubieta, de la séptima compañía del tercer batallón de Alfonso XIII. Recojo casi literalmente lo que publicaba La Voz de Guipúzcoa del 28 de noviembre.

Serían las doce y media de la noche del 31 de octubre cuando el centinela de uno de los fuertes de la Azotea de Mora, situado a mitad del camino de este pueblo a Santa Clara. oyó ruido de caballos en un palmar cercano, e inmediatamente dio aviso al jefe del destacamento, teniente Arcadio Ferrades, ordenando éste que cada soldado ocupara su puesto y no hiciera fuego hasta que el enemigo no se aproximara.

A distancia de cien metros de uno de los fuertes y teniendo por medio la vía férrea existía una bodega de don Domingo Rubio, y los insurrectos, protegidos por la obscuridad de la noche, se aproximaron a ella incendiándola y rompiendo el fuego sobre los fuertes en medio de una gran gritería. D. Domingo Rubio y su familia salieron huyendo hacia el fuerte, pues los insurrectos los buscaban para matarlos.

Al llegar al fuerte, la señora Rubio notó la falta de una de sus hijas, una niña de cinco años de edad y, desesperada, se dirigía a la casa incendiada en busca de la criatura que por el nerviosismo del momento se había quedado en la casa. Al notar el cabo Fernando González Zubieta lo que pasaba a aquella pobre mujer, la agarró por un brazo y haciéndola entrar en el fuerte le dijo: ¡Señora, no se desespere usted; yo voy por su hija!».

Y calando la bayoneta a su fusil atravesó el fuego enemigo y al resplandor de la hoguera se dirigió a la casa incendiada y sacando de la cama a la niña volvió al fuerte, siendo el blanco de los insurrectos que ocultos en un palmar próximo no cesaban de disparar sobre aquel valiente, que al llegar fue vitoreado por sus compañeros, orgullosos de su acción.

El periódico, al referir el hecho, pedía alguna distinción para aquel guipuzcoano


(29.10.1996)

viernes, 9 de octubre de 2026

Monumento a Elcano

 Monumento a Elcano


El monumento a Juan Sebastián Elcano que Guetaria, su pueblo natal levantó en su memoria, obra de los arquitectos Aguirre y Azpiroz y del escultor Macho, fue inaugurado el 10 de octubre de 1925. El acuerdo de levantar este monumento fue tomado por la Junta organizadora del IV centenario de la primera vuelta al mundo. La primera idea fue la de erigir el monumento en la cumbre del monte de San Antón, con un desarrollo de 40 metros de elevación, pero no pudo realizarse por tener la Junta que ceñirse a un modesto presupuesto. En el citado proyecto sólo la construcción de la carretera representaba un gasto de más de 300.000 pesetas

El pueblo de Guetaria siempre mantuvo vivo el recuerdo de la inmortal hazaña. La casa en que nació Elcano fue pasto de las llamas al destruirse en el puerto abrasada la escuadra española que mandaba Lope de Hoces en 1638. Un guetariano don Pedro Echate Asu perpetuó en 1671 la memoria del navegante colocando en sitio preferente de la iglesia parroquial (joya artística declarada monumento nacional, donde quedó constituida la primera Hermandad guipuzcoana presidida por el corregidor Gonzalo Mora), una lápida con una inscripción en su recuerdo, figurando en la losa el escudo de armas con el lema "Tu primus circumdedisti me”

Más tarde don Manuel Agote, alcalde de Guetaria, costeó una estatua de mármol, obra de Fernando Giraldo y Bergaz, escultor de Cámara y director de la Academia de San Fernando, inaugurándose en 1810, bajo la presidencia del alcalde de Guetaria don Miguel de Lardizabal y Amézqueta, poseedor de bienes v documentos de la familia Elcano. La estatua fue colocada en la plaza y el pedestal lleva tres inscripciones en latín, castellano y vascuence.

En la guerra de la Independencia Guetaria quedó medio destruida quedando en pie 16 casas de las 119 que contaba intramuros. Quedó derribada la estatua, pero los del pueblo la reconstruyeron y la colocaron en la puerta de Tierra, en la muralla. En las Juntas Generales celebradas el 9 de junio de 1859 en la villa de Guetaria se acordó erigir una estatua al navegante que fue colocada en 1861 a la entrada del puerto.

La inauguración del monumento en 1925 fue precedida de un Te Deum en la iglesia. Pronunciaron discursos don Alfonso Churruca, en representación del Ayuntamiento del pueblo y don Vicente Laffitte, presidente de la Diputación. Un coro cantó el himno “Gora Elcano” y luego desfiló una compañía de miqueletes.


(10.10.1996)


jueves, 8 de octubre de 2026

LA PRODUCCIÓN DE LECHE MATERNIZADA

 LA leche que se daba al niño recién nacido y meses posteriores no podía ser digerida en muchos casos por causas diversas, recurriéndose a la química y a la bacteriología para destruir los agentes deletéreos. Pero no bastaba, y se comenzó a preparar una leche parecida a la de la mujer, leche maternizada. Pero este recurso no estaba al alcance de todos, pues era preciso una preparación delicada, una serie de operaciones que exigían los laboratorios especiales.

Entonces intervino la Diputación de Guipúzcoa, organizando primero la Granja Fraisoro, situada en Villabona, y después montando un departamento a través de las Cajas de Ahorro en el mercado de San Martín, el de la Gota de Leche, que fue inaugurado el lunes 28 de septiembre de 1903 Al acto asistieron el Rey Alfonso XIII, la Reina Madre doña Maria Cristina, los príncipes y la infanta Maria Teresa, que llegaron acompañados por el ministro de Jornada conde de San Bernardo, las duquesas de Santa Mauro de Sartago y San Carlos y las marquesas de Moctezuma y Navarrete. Con las reales personas llegaron los generales Pacheco, Cerezo y Bascarán. Un público numeroso ocupaba las calles de San Martín y San Ignacio de Loyola, que estaban adornadas con mástiles cubiertos de flores y ramajes.

La banda municipal tocó la Marcha Real y acto seguido penetraron las personalidades invitadas al acto en el local destinado a las manipulaciones para maternizar la leche, en el que había una máquina de vapor del sistema La Perfecta y otras sistema Diigenette.

En presencia de los asistentes hizo las precisas manipulaciones en catorce litros de leche, procedentes como todo lo que allí se estilizarÍa, de la Granja Fraisoro, eL director de ésta, Mr. Enrique Delairé, quien al mismo tiempo iba explicando aparatos y manipulaciones. En el local había unas cuantas mesas sobre las que estaban las medidas y pesas que servían para la mayor exactitud de la operación.

La Gota de Leche no sólo facilitaba leche maternizada sino también quesos y mantecas, naturalmente esterilizados y exentos de cualquier elemento patógeno.

El alcalde señor Elósegui pronunció en el acto unas palabras y después corrió una cortina y apareció a la izquierda del vestíbulo una lápida de mármol conmemorativa de la inauguración con la siguiente inscripción: La Gota de Leche, Inaugurada por S.M. la Reina Madre doña Maria Cristina de Habsburgo y Lorena. Dia 28 de septiembre de 1903.

Los invitados fueron obsequiados con un lunch y las reales personas con ramos de flores.


(08.10.2002)


Blas de Lezo

 Blas de Lezo

UNA de las ilustres figuras que dio Guipúzcoa fue la de Blas de Lezo, el legendario héroe de Cartagena de Indias. Vio la luz primera en Pasajes de San Pedro en 1689, ingresó en la armada y en 1704 era guardia marina, en 1710, capitán de fragata y dos años más tarde capitán de navío merced a las once presas, la menor de ellas de veinte cañones, que hizo con su fragata

Ascendido a jefe de escuadra y a teniente general más tarde, mandó varias flotas y estuvo al frente de la comandancia general de Cádiz. Su justa celebridad la ganó en la gloriosa defensa contra el almirante inglés Vernon, en el sitio de Cartagena de Indias.

Era jefe como marino y como gobernador de la citada población contribuyó con su defensa a que en marzo del año 1740 y en mayo siguiente no se apoderaran los ingleses de la plaza y el puerto de Cartagena de Indias.

Pero los ingleses tenían puestos sus ojos en esta población y el 16 de marzo de 1741 se presentaron de nuevo ante la plaza para conquistarla. Hasta sus aguas llegó la más formidable escuadra que había salido nunca de Inglaterra, compuesta de treinta y seis navíos de línea, buen número de fragatas, bombardas, brulotes y ciento treinta transportes, con diez mil hombres prestos en cualquier momento al desembarco.

Dos historiadores, Francisco Serrato y Cesareo Fernández Duro, narraron aquel sitio y aquella heróica respuesta. «A pesar de lo seguro que contaban el triunfo, desembarcaron los invasores, fueron heroicamente batidos más de una vez por los mil cien hombres de tropa y quinientos de milicia con que contaba el general Lezo, que quedó victorioso en tan peligrosísima ocasión, después de haber causado a los ingleses considerables pérdidas, así en gente como en buques

Setenta y tantos días duró aquella lucha, y a las heridas que tenía de otros combates, unió Blas de Lezo otras, y en la misma ciudad de Cartagena de Indias fallecía el 7 de septiembre de 1741 el heróico marino guipuzcoano.

Dice Serrato que el insigne general Lezo únicamente pudo ostentar como reliquias gloriosas conquistadas en aquel desesperado combate, los balazos que le condujeron al sepulcro. Y aquella sangre derramada fue el más elocuente testimonio de sus acciones».

Veintiún años después de su muerte, en 1762, se dio a los descendientes del Blas de Lezo el título de marqueses de Ovieco, en reconocimiento a los grandes méritos y servicios prestados por el héroe de Cartagena de Indias.

San Sebastián le dedicó una calle unos años más tarde, en 1894.


(08.10.2000)


En el muelle

 En el muelle

EL. San Sebastián de finales del siglo XIX ofrecía el contraste de los meses de verano, con la gente donostiarra y forastera -ya se había iniciado la etapa de turistas de fuera,llenando las calles, los paseos, las playas, los teatros, etcétera, y el resto del año con muy poca gente en paseos y calles, quedándose gran parte del vecindario en sus casas

Era aburrida la ciudad... pero no toda. En el puerto había animación y bullicio y entretenimiento. Claro es que por allí huele a pesca y a veces se respira carbón y otras humo escribía el periodista A.M. Castell, y con frecuencia sale uno con los oídos destrozados si la gente femenina riñe por un quítame allá esas sardinas En el puerto siempre había algo nuevo o, por lo menos, algo que entretenía.

La embarcación que vuelve de la pesca y en la cual comienzan las múltiples operaciones de descarga y baldeo, la extracción de la pesca, con su recuento y su reparto; el pescador que salta a tierra y coge en brazos para comérsele a besos y caricias al hijito que le espera impaciente, la preparación de las expediciones de pescado... ¡oh!, esta tarea es de lo más curiosa y entretenida

Antes de llegar las lanchas con la pesca, todo era silencio en el muelle, oyéndose sólo los martillazos de los que en los soportales hacen las cajas en las que se enviarán las sardinas al Interior de la Península

Hombres, mujeres y niños empuñan el martillo y las tablas ya cortadas a la medida van uniéndolas con cuatro clavos. Las cajas llegan a formar montones desordenados.

En cuanto llegan a puerto las barcas con la pesca, cambiaba la decoración. Se colocaban unos tableros sobre caballetes y a su lado unas grandes tinas con sal para rociar la pesca, a fin de que se conservara mejor. Hay que ver, escribió el periodista, la agilidad con que, especialmente las mujeres, llenan las cajas de sardinas, tan bien puestas, con tal orden y simetría, que cuando la pequeña caja está llena, parece que encierra una trenza de plata primorosamente hecha-

Las cajas ya llenas se colocan en carros de dos ruedas tirados por un caballo que marcha a la estación para ser cargadas en el tren con destino generalmente a Cataluña y Aragón.

Las mujeres que trabajaban en el muelle en estas operaciones de preparar el pescado para la exportación, no paraban de hablar y sus voces se oían entre los golpes de martillo y las voces de los hombres que daban órdenes desde los barcos a tierra y desde tierra a los barcos..

En el muelle no reinaba el aburrimiento. Allí reinaba la actividad, la animación, en fin, la vida. Y era el mejor lugar para combatir el aburrimiento

Hoy probablemente la actividad arrantzale sea menor, pero sigue viva la vida en el puerto


(08.10.1999)


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