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lunes, 18 de julio de 2016

El ensanche de Gros (*)

San Sebastián es una ciudad en una buena parte ganada al mar. Donde hoy hay  muchas de sus calles y plazas y donde se levantan casas eran hace años marismas. Y no solo en lo que hoy es el centro, que va del Boulevard a Amara, sino también Gros.

Para construir este barrio fue fundamental encauzar el Urumea construyendo un muro que fuese desde el puente de Santa Catalina a la desembocadura del río. Ello proporcionó terrenos donde levantar chalets y construir el Gran Kursaal.

La primera piedra de este muro se colocó el sábado 25 de marzo de 1911 y dada la trascendencia que para la ciudad tenía el acto, como primer paso para desarrollar el ambicioso proyecto de ampliar el barrio al mismo se invitó al Rey Alfonso XIII, que delegó su representación en el barón de la Torre, gobernador civil de Guipúzcoa. Estuvieron presentes en el acto el duque de Tovar, don Eugenio Rivera, arquitecto que había proyectado el puente de María Cristina y que años después haría el del Kursaal, el alcalde accidental Sr. Minondo, casi todos los concejales y la directiva de la Sociedad Umore Ona.

EN la caseta de arbitrios esperaban al gobernador civil las autoridades y personalidades que asistieron al acto, y una compañía del Regimiento de Sicilia, mandada por el capitán Matamoros, se situó desde el arco del puente hasta la rampa, rindiendo honores al representante del Rey. A los acordes de la Marcha Real y mientras la tropa presentaba armas, se colocó la primera piedra que allí estaba preparada colgando de una grua-trípode y con el hueco necesario para recibir la caja de plomo que había de contener el acta. Esta fue firmada en primer lugar por el gobernador civil y a continuación por varios concejales, el duque de Tovar y los consejeros franceses y españoles de la Sociedad Inmobiliaria que iba a realizar las obras.

El párroco de San Ignacio, Rvdo. Uranga procedió a la bendición y la piedra cayó en el lugar preparado, echando paletadas de cal las autoridades. Pronunciaron unas palabras el gobernador civil, el duque de Tovar y el alcalde accidental, dándose por terminado el acto, durante el cual llovió copiosamente.

A mediodía tuvo lugar el banquete organizado por la Sociedad Umore Ona al que asistieron, además de las autoridades, representaciones de las siguientes entidades: Círculo Easonense, Unión Artesana, Círculo Mercantil, Cámara de Comercio, Club Cantábrico, Club Náutico, Aero Club, Círculo Francés, Orfeón Donostiarra, Euskal Billera, Sporty Clai, Leku-Zarra, Ollagorra, La Realidad, La Volante, La Estaca y La Resaca. El banquete tuvo lugar en el mercado de Gros y fue servido por La Urbana, asistiendo 250 comensales.

La banda de música "La Unión" amenizó la comida y el Orfeón Donostiarra canto "Esperanza" de Radoux y varias composiciones vascongadas. Cantaron obras de concierto, acompañados al piano por el maestro Esnaola, los señores Arruti, Peña y Moraleda. Por la noche se celebró en aquel mismo lugar un baile amenizado por la banda "Iruchulo" y bajo los arcos del café Kutz, donde tenía su sede la "Umore Ona", tocó la banda "La Unión" bailables. El mal tiempo hizo que se suspendiera la anunciada cabalgata, celebrándose una verbena en el interior del mercado con dos bandas de música, la rondalla "La Realidad" y el manubrio de "La Estaca".

 ( KOXKAS - R.M. - DV -27 de Marzo de 1991)

martes, 24 de noviembre de 2015

EL EDIFICIO DEL GUIPUZCOANO

La sociedad Banco Guipuzcoano, nació el 9 de Octubre de 1899 y su primera y provisional sede estuvo en el piso principal del número 4 de la calle de Legazpi. Adquirido al empresario Eduardo Dupouy el pabellón de la esquina de las calles Fuenterrabía, San Marcial y Avenida, se realizaron obras para acomodarlo al destino del Banco. Este edificio es el que actualmente sigue ocupando. Las obras fueron dirigidas por los arquitectos don Ramón Cortazar y don Luis Elizalde, y en estos casi cien años desde su inauguración, en julio de 1902, muy poco ha variado el Banco, prueba de que acertaron en sus obras. Merece la pena realizar una breve descripción de la casa tal como estaba cuando fue inaugurada.

Daba acceso al edificio una amplia escalera de piedra sobre el atrio circular, también de piedra labrada, cuyo techo sostenía la terraza que el edificio tenía en su piso principal. En el vestíbulo, en sus muros y techos, había una decoración combinada de piedra y madera con un severo friso de mármoles de color, que labró la casa Francisco López, de Zaragoza.

Al entrar en el hall o salón , se presentaba un hermosísimo golpe de vista. El espacio que se destinaba al público estaba separado del que ocupaban los escritorios del Banco por un gran mostrador de roble que descansaba sobre un zócalo de mármol rojo, hallándose la mesa de mostrador sostenida por palomillas de bronce. Sobre los tres lados del mostrador había una guarnición de bronce en la cual encajaban los varios ventanillos por los que se comunicaba el público con los distintos negociados.

Descansaban sobre el mostrador sosteniendo el techo que estaba a gran altura, diez esbeltas columnas de hormigón armado, imitación de mármol rojo y cuyos capiteles, bases y parte tercia del fuste, eran de bronce. En todos sus detalles como en su conjunto, era de un gusto exquisito esa decoración del mostrador y de las columnas que sobre él descansaban.

El hall o patio estaba iluminado por luz cenital que la proporcionaba una vidriera de colores,obra del famoso Jules Maumejean, de Biarritz, y tenía, además, luz y ventilación a través de quince grandes ventanas defendidas por artísticas rejas de hierro forjado. En esas ventanas había ingenioso mecanismo para abrir y cerrar sus persianas, que eran una novedad en San Sebastián.

Sobre la planta baja, había una balaustrada de bronce. Nada más lujoso, artístico y de mejor gusto que los paneles de la balaustrada. Las escaleras del edificio eran de mármol blanco.

Algo, no mucho ha cambiado el edifico de hace un siglo con el de hoy, pero ofrece una imagen clásica.

(KOXKAS - R.M. - 2002)



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