sábado, 1 de junio de 2024
sábado, 21 de mayo de 2022
UNA PREMONICIÓN
Una premonición
Faltaban seis años para que la Reina Regente Doña María Cristina eligiera a San Sebastián como corte veraniega de España y los monarcas pasaban parte del estío en La Granja, y como si fuera una premonición, el perió dico El Liberals, de Madrid publicaba en 1881 una crónica que sería realidad poco después. Decia entre otras cosas:
«Realmente en España no hay una estación balnearia del tono y distinción de las francesas y alemanas. San Sebastián, con ser tan hermoso y tener aquella Concha inimitable, es mirado con desdén por una gran parte de los potentados y aristócratas españoles, y mayor aún es ese desdén a las demás poblaciones del Cantábrico.
San Sebastián es hoy por hoy la principal residencia de verano de España, en la que mayor número de elementos se concentran, quizás la más distinguida; pero no es está a la altura de esas estaciones extranjeras que despiertan la curiosidad de las principales familias españolas, que tantos alicientes reúnen para la gente de dinero, y de las cuales viene España siendo tributaria.
Está fuera de duda que si la Corte veranease en uno de los puertos de España, en uno de esos deliciosos parajes del litoral Cantábrico, en las Vascongadas, en Asturias, en la pintoresca Galicia, llegaría a formarse esa estación que hoy falta en España, con grandes e incalculables beneficios para la riqueza de nuestro país y satisfacción de los que hoy cruzan el Pirineo.
Podría residir la Corte en La Granja los dos primeros meses. de verano y en la costa los otros dos. ¿Qué sería preciso para ello? Construir un palacio en el litoral, que sería un real sitio más, en punto donde hoy no tiene ninguno la Corte en condiciones de habitabilidad.
Prescindiendo de los intereses de partido y de la política en general, hay que convenir en que la realización de este proyecto sería beneficioso para el país. Y digo proyecto, porque algo se ha pensado en tal sentido y trata de proponérsele al Rey. Creo que este pensamiento llegará a fructificar, pues quien lo ha ideado no suele arrojar al viento la semilla.
Desde luego se comprenden las ventajas que sobrevendrían al país. En derredor de este palacio a la moderna, parecido más bien a una villa de gusto inglés, que construiría el patrimonio de la Corona con fondos propios, levantaríase a seguida preciosos chalets y viviendas de todo género, que rivalizarían en gusto, jardines, parques ingleses, grandes y bien acondicionados hoteles como los de Suiza, teatros, salas de concierto, hipódromo, en una palabra brotaría una población moderna, bonita y elegante como esas que tanto abundan en el extranjero, bañadas por el océano o idealizadas por los lagos de Alemania y Suiza o por las nieblas del Rhin.
Triste cosa que en España sea casi indispensable la regia iniciativa, directa o refleja, para. realizar aquello que en otros países es patrimonio exclusivo de la iniciativa popular, del espíritu utilitario o del confort de la vida moderna. Toda esta colonia que desde La Granja se traslada ahora al extranjero marcharía con la Corte a respirar las brisas del mar después de haber respirado los aromáticos vientos de estas sierras. Quienes buscaran distinción, comodidades y belleza, allí. los encontrarían…”
Seis años después de publicarse este articulo, San Sebastián comenzaba a ser lo que su autor apuntaba con la Corte, con un gran casino, con villas y palacetes y años más tarde hasta con un hipódromo
sábado, 20 de agosto de 2016
Baños de mar (*)
El verano a orillas del mar y los baños en sus playas es una conquista moderna y se debe a la iniciativa de dos soberanas españolas : Eugenia de Montijo, que descubrió Biarritz, y la reina Isabel II, las playas de Guipúzcoa. Coincidieron estos descubrimientos con la puesta en marcha de los primeros ferrocarriles y la moda se extendió.
Con anterioridad a estas fechas, no se bañaban ni los que vivían en la costa junto a las playas. Alejandro Dumas contó cómo descubrió la que pronto fue la elegante playa de Trouville.
Cuando fue allá el genial novelista, Trouville era un nido de gaviotas y las familias que allí vivían sólo hacían pescar, que era su medio de vida. Sólo había una posada. Hasta que llegó Eugenia de Montijo a las Tullerias y cambiaron los gustos de la gente y comenzó a ir a las playas a bañarse.
Cuando años después volvió el novelista a Trouville se encontró con que ya había diez posadas y el terreno que se vendía a cien francos la fanega había pasado a cien francos el pie. José del Río Sanz, que escribió sobre el nacimiento multitudinario de los baños de mar no sabe qué hubiera dicho el novelista si hubiese conocido los tiempos del Casino y del Sha de Persia arriesgando a los embrujos de la ruleta los últimos diamantes de su corona.
Volviendo a España diré que el primer anuncio de los baños de mar apareció en la Gaceta de Madrid el primero de julio del año 1847 y decía textualmente: "Baños de oleaje de Santander. Habilitados los baños de ola en la espaciosa playa del Sardinero han empezado a ser concurridos de sus naturales y de muchos forasteros.
Nada se ha omitido a efecto de que los bañistas hallen todo lo necesario que requiere esta clase de establecimientos: casetas cómodas e independientes, trajes adecuados, seguridad y comodidad en los baños, como hecho especialmente para ello".
Esto era en tiempos de Isabel II que aquí en San Sebastián se bañaba entrando en el agua acompañada de la bañera María Arratibel, y luego en los de la reina María Cristina y Alfonso XIII, y las playas iban conociendo cada año más afluencia de gente.
Fueron veraneos de gran tono los de aquellos años, "con regatas y partidos de polo, en que contendían nombres con derecho a mención en las páginas exigentes del almanaque Gotha. Miramar y la Magdalena eran el punto de cita de príncipes, de cortes que ya no existen".
La gente sigue viniendo a las olas y a la brisa marina.......
(KOXKAS.- DV.- R.M. 6/06/1999)
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