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miércoles, 6 de noviembre de 2024

2001 - Un convento donostiarra

 Las Monjas Dominicas están muy vinculadas a nuestro pueblo, pues fue nada menos que el año 1546, cuando aquí se instalaron, estando el convento contiguo a la antiquísima parroquia o monasterio que se hallaba en lo alto de la Artiga de San Sebastián, sede de nuestra primitiva población, hasta el mismo borde del mar y corazón de nuestra incomparable bahía. 

viernes, 9 de septiembre de 2022

N.S. DE ARANZAZU

 N.S. de Aránzazu


El Marqués de Seoane fue un investigador de nuestra historia y publicó muchos de sus estudios en los periódicos, editando varios libros. Uno de éstos salió a la luz en 1907, impreso en San Sebastián por la imprenta y encuadernación de J. Baroja e hijo, plaza de la Constitución, 1, 2 y 3. Entre los documentos que figuran en estas -Miscelaneas históricas referentes a Guipúzcoa- está el relato de cómo fue hallada la imagen de Nuestra Señora de Aránzazu en un desierto de la villa de Oñate». Dice así el documento:

“El año mil cuatrocientos sesenta y nueve en un profundo inhabitado yermo, del término de la villa de Oñate, a las faldas de la gran montaña, en donde guardaba ganado un mozo llamado Rodrigo de Balcaztegui, de la vecindad de Virivarri de la villa de Oñate, que estaba guardando las cabras de su casa, un día sábado, a este mozo se le apareció en aquel profundo valle, sobre un espino verde una devota imagen de la Virgen María, de pequeña proporción con la figura de su hijo puesto en sus brazos y una campana a manera de grande cencerro. De este caso impensado se admiró el pastor y juzgando ser cosa de Dios, rezó el Ave María y otras oraciones y con grande reverencia cubrió la santa imagen con ramas y otras cosas.

Vino a la noche con el ganado a su casa donde refirió el caso y después fue avisada la Justicia y el Ayuntamiento de Oñate y guiados por el pastor hallaron la santa imagen puesta en el espino.

Quedáronse todos, espantados de rodillas, dieron gracias a Dios y a la Virgen y luego en el mismo puesto en tablas fabricaron una ermita. dándole el nombre de Nuestra Señora de Aránzazu y habiendo republicado el milagro, le hicieron mucha adoración y devoción las gentes que comenzaron a visitarla.

Luego se fundó el convento siendo el primer religioso Fray Pedro de Arriarán, guipuzcoano, y habiendo dejado por tiempo la fragosidad de la montaña, los mercenarios entrasen en posesión, los religiosos de San Francisco con los cuales quedó Fray Pedro de Arriarán, tomando su hábito y después vinieron a visitarla los Dominicos y después fue restituida a los Franciscanos de la Orden Tercera y en veintiséis de diciembre del año mil y quinientos cincuenta y dos, se quemó de repente toda la casa, quedando solo la iglesia y el año de mil seiscientos veintidós se quemó toda la casa e iglesia excepto la capilla mayor donde está la imagen, y para la reedificación se hicieron muy grandes limosnas por todas las villas y lugares de la provincia de Guipúzcoa-.


R.M. 9 septembe 93 KOXKAS


jueves, 8 de septiembre de 2022

NRA.SRA.DEL CORO


Ntra. Sra. del Coro

En el archivo parroquial de Santa María existe una fotografia de un grabado sobre acero de finales del siglo XVIII que representa a Nuestra Señora del Coro con una inscripción que dice que cuando la toma de San Sebastián por las tropas francesas que mandaba el general Moncey, la efigie fue salvada por el vicario de Santa María, reverendo don Miguel Antonio de Remón, embarcándola el 2 de agosto de 1794 en una lancha camino de Guetaria. Agrega la nota que «se levantó una repentina y horrible tempestad que sumergió otra lancha y se ahogaron treinta personas, impidiendo al vicario llegar al puerto de Guetaria, pero atravesando con dificultad la peligrosa barra de Orio y contando este prodigio entre los continuos que se experimentan de la santa imagen, llegó con ella el vicario a Madrid».
La imagen, en Madrid, fue dibujada y grabada por Josef Ximeno, de la Real Academia de Bellas Artes y San Fernando. La nota agrega que Su Santidad Benedicto XIII concedió siete años y otras tantas cuarentenas de indulgencias perpetuas a todos los sacerdotes que celebrasen misa en el altar de esta imagen y a los que las oyeran, teniendo la Bula de la Santa Cruzada (25 de abril de 1795). Parece ser que la imagen fue devuelta a San Sebastián ese mismo año
Durante la guerra de la Independencia, la imagen fue llevada a la Puerta de Tierra «para librar acaso la ciudad de la toma de los enemigos», según don Serapio Múgica y el 15 de agosto. de 1815, fue trasladada procesionalmente a la iglesia de Santa María. Durante la primera guerra carlista, al convertirse en almacén y parque esta parroquia, estuvo en sitio seguro custodiada por los pocos religiosos carmelitas que aquí quedaron. Hasta esa fecha, la Virgen del Coro era llevada en procesión por las calles donostiarras el 8 de setiembre, después de la misa solemne que se celebraba en Santa María, recorriendo las calles. Mayor, Lechuga (hoy Embeltrán), Narrica y Trinidad (hoy 31 de Agosto). En la octava de la Inmaculada la procesión con la imagen recorría el interior del templo en conmemoración del trágico suceso del 7 de diciembre de 1688. El altar de Nuestra Señora se iluminaba desde la víspera de la Asunción hasta el 16 de agosto, después de la procesión de San Roque.

En las grandes calamidades públicas, se la sacaba en procesión. Así en 1855, cuando el azote del cólera morbo, la procesión contó con la asistencia de casi todo el vecindario, y pese a la intensa lluvia que caía nadie abandonó su puesto.
Existe un folleto en cuya portada puede leerse: «Sacro Novenario de la milagrosa imagen de Nuestra Señora del Coro, que se venera en la iglesia mayor de la M.N. y M.L. ciudad de San Sebastián. Su autor: el R.P. Fray Antonio de Alquiza, Lector de Teología en el Convento de Nuestro Padre San Francisco de la villa de Tolosa. Con Licencia. En San Sebastián: en la imprenta de Ignacio Ramón Baroja. Año de 1819». En una «Advertencia>> puede leerse la recomendación que se inicie la novena el viernes para terminarla el sábado siguiente, «día dedicado a María Šantisima», la de ayunar ese día y dar una limosna si se pudiere a una mujer y un niño, «en obsequio del Niño-Dios en brazos de Su Majestad Purísima>>.
R.M. - KOXKAS 6-9-85


miércoles, 7 de septiembre de 2022

INAUGURACIÓN DE LA PARROQUIA DEL ANTIGUO

 Inauguración de la parroquia del Antiguo


Se trabajaba rápido en el San Sebastián de hace un siglo y prueba de ello está en el hecho de que colocada la primera piedra de la parroquia de San Sebastián Mártir, el Antiguo, el 24 de setiembre de 1888, un año después se inauguraba

En efecto, el sábado, 7 de setiembre de 1889, a las 5 de la tarde llegaban a la plazoleta que habia delante del templo la Reina Regente Doña Maria Cristina con sus hijas María de las Mercedes princesa de Asturias y la infanta Maria Teresa, acompañada de su séquito formado por el duque de Medina Sidonia, la marquesa de Guadalest y la condesa de Sástago, siendo recibida la real familia por el ministro de Marina, el gobernador civil, el alcalde don Gil Larrauri y varios concejales, el general Córdoba y el obispo de Vitoria el arcipreste don Martin Lorenzo de Urizar y el párroco don José Aristizábal. A la gente que se hallaba en la plaza llamó la atención la presencia de un guardia suizo que lucía un tricornio adornado con plumas blancas, casaca y calzón colorados, espada, bastón y alabarda.

La ceremonia religiosa dio principio dando el obispo y clero. una vuelta por el exterior de la iglesia bendiciendo sus muros. Se abrieron luego las puertas del templo penetrando en el mismo la real familia y séquito, el obispo, clero y autoridades. Después de la ceremonia de bendición y consagración del templo penetró en éste el pueblo fiel. Poco después la Reina y séquito, precedidos de la Escolta Real, regresaban al palacio de Ayete.

Al dia siguiente a las 9 de la mañana, se celebraba la primera misa en la nueva parroquia asistiendo las mismas personalidades que la vispera, más el presidente del Gobierno Praxedes Mateo de Sagasta. La Reina y sus hijas ocuparon un trono levantado a la derecha del presbiterio. Durante la misa rezada que celebró el obispo y la reserva del Santisimo intervino la orquesta que dirigia el maestro Bretón, cantando varios motetes el tenor Tabuyo Terminada la misa, la Reina salió bajo palio acompañada por el obispo.

El barrio del Antiguo quiso celebrar el acontecimiento religioso con diversas fiestas que se celebraron por la tarde y a las que se unió la Reina Regente pensando tal vez que pronto, cuando se realizarán las obras del Palacio de Miramar, seria una vecina más de aquél.

Las fiestas se iniciaron a las 4. de la tarde, y desde una tribuna que se habia levantado siguió doña Maria Cristina el variado programa que comenzó bailándose un aurresko en el que lucieron sus habilidades coreográficas robustos mozos y mozas del barrio Concluido el baile se corrieron dos bueyes que propinaron más de un susto a los valientes imitadores de Cúchares. Luego vinieron los bailables que interpretó la banda municipal dirigida por el maestro Juan Guimón. La Reina pidió se repitiera el Guernikako que habia interpretado la banda y que había coreado el público. Por la noche, la iglesia se iluminó con vasos de colores, luciendo también vistosas iluminaciones el palacio de Satrústegui y la cárcel. Los caseros de las proximidades del Antiguo, desde Igueldo hasta Ibaeta, desde Lugariz a Ayete, encendieron hogueras.

La torre de la nueva parroquia fue construida años después.


7 septiembe 89  - KOXKAS -R.M.


sábado, 3 de septiembre de 2022

LLEGA EL PRIMER OBISPO

 LLEGA EL PRIMER OBISPO


El domingo 3 de septiembre de 1950 hizo su entrada en San Sebastián el primer obispo de la nueva diócesis, Sr. D. Jaime Font y Andreu. Su llegada fue una serie ininterrumpida de adhesiones y de jubilosa alegría por todos los pueblos de la provincia, que culminaron en la apoteósica procesión desde la iglesia de Santa María al Buen Pastor.

A las cinco de la tarde se oyó el Agur Jaunak y bajo un arco majestuoso de bienvenida entraba en Echegárate en tierra de Gipuzkoa el primer obispo de San Sebastián. La Diputación en pleno le recibió. También estaba allí el gobernador militar de Gipuzkoa, los ayuntamientos de Azpeitia, Idiazabal y Segura con sus banderas y sus txistularis. Dantzaris, muchachos ataviados y muchachas con trajes regionales y la figura de dos miqueletes en las columnas del arco.

Monseñor Font y Andreu tomó asiento, junto al presidente de la Diputación, en un coche descubierto y comenzó su recorrido triunfal por la provincia. Una caravana de cincuenta coches le siguió. Junto a un puentecillo estaba el Ayuntamiento, párroco y vecindario del más pequeño pueblo de Gipuzkoa, Arama, que bajó a recibir al prelado, con su estandarte y su bandera.

Clamores, cohetes, volteo de campanas y miles de gargantas que le aclamaban bajo los arcos triunfales que pregonaban su gozo.

En Irubide el Ayuntamiento de San Sebastián espera al obispo. Vuelven a sonar las notas del Agur Jaunak que interpreta la banda municipal de juglares ataviada de gala. Los maceros prestan carácter al momento. Nuevos volteos proclaman que el prelado ha entrado en San Sebastián. Ocupando el coche presidencial, el señor obispo va entre el alcalde señor Saldaña, a su derecha y a su izquierda el presidente de la Diputación Sr. Elorriaga.

San Sebastián no quedaba atrás en fervor y animación para dar la bienvenida a su obispo. Colgaduras y gallardetes adornan las calles del recorrido. Eran las siete de la tarde. En el atrio de Santa María el obispo era recibido por el gobernador civil, barón de Benasque. Monseñor Font y Andreu ora unos momentos ante el şagrario mientras la Schola Cantorum entona el Oh Salutaris Hostia. Luego se canta la Salve.

Se organiza una procesión que va al Buen Pastor, con representación de todos los pueblos de la provincia. En la catedral el arcipreste, reverendo Lasquibar, da lectura a la Bula Pontificia que nombra el primer obispo de la diócesis. Se tuvo que suspender el besamanos, pues los fieles asediaban al obispo que repartía sonrisas y bendiciones con el público apelotonado a sus pies.


LLEGA EL OBISPO

 Llega el obispo


GUIPÚZCOA tuvo por vez primera obispo propio en 1950. Hasta entonces, el obispo de nuestra provincia tenía su sede en otro lugar, últimamente en Vitoria y antes en Pamplona. Pero fue aquel año cuando se nombró un obispo para Guipúzcoa, otro para Vizcaya y otro para Álava. Aquel primer obispo fue don Jaime Font y Andreu, un catalán que hasta entonces había sido obispo de Zamora.

Su llegada el domingo, 3 de septiembre, constituyó un acontecimiento y a él se sumó toda la provincia. Había pasado la víspera en Vitoria y sobre las cinco de la tarde un chupinazo anunció la llegada del prelado al límite de la provincia. Vibraron en los aires las notas del 'Agur Jaunak'. La Diputación con su presidente señor Elorriaga, estaba en el límite de la provincia con el gobernador militar y los ayuntamientos de Azpeitia, Idiazabal y Segura con sus banderas y bandas de txistularis y cientos de guipuzcoanos que acudieron para recibir al prelado. «La figura airosa de dos miqueletes en las columnas del arco, prestaban marco y color a quel momento solemne en que el presidente de la Diputación y el nuevo prelado intercambiaban sus mensajes de salutación y bienvenida», escribía el periódico al día siguiente.

El obispo tomó asiento junto al presidente de la Diputación en coche descubierto y comenzó su recorrido por la provincia. Una caravana de cincuenta coches seguía escoltando al ocupado por el obispo.

Todos los pueblos del recorrido estaban en la carretera entre clamores, cohetes, volteo de campanas y miles de gargantas que le aclamaban bajo los arcos triunfales. El Ayuntamiento de San Sebastián con su alcalde Sr. Saldaña al frente, le esperaba en Irubide, con la banda municipal de juglares ataviados de gala, y los maceros. Ocupando el coche presidencial el obispo entre el alcalde y el presidente de la Diputación, se reanudó la marcha.

En San Sebastián las colgaduras y gallardetes se hallaban por doquier. A las 7 de la tarde llegaba la caravana a Santa María, donde esperaba el gobernador civil barón de Benasque. En la iglesia, la Schola Cantorum entonó el 'Oh, Salutaris Hostia' y luego La Salve. Y se inició la procesión hacia el Buen Pastor.

Cuarenta y dos minutos duró el recorrido de Santa María al Buen Pastor y en la catedral el arcipreste Sr. Lasquíber leyó la Bula Pontificia que nombraba a monseñor Font y Andreu primer obispo de la diócesis de San Sebastián. Tomó el obispo posesión de su cargo ante el notario eclesiástico y las actas fueron leídas por las autoridades, párrocos y arciprestes de San Sebastián Con ello terminó el acto.


miércoles, 20 de marzo de 2013

UN DÍA INOLVIDABLE

LA ceremonia de la primera comunión encierra siempre un encanto que unido al fervor religioso de quienes se acercan al Señor por vez primera en su vida, deja un recuerdo imborrable y para siempre y no sólo entre los pequeñuelos, sino también entre sus padres y familiares.
Ahora se celebra sólo en las parroquias, pero hace ochenta años tenia lugar también en los colegios y en las capillas. La que se celebró el domingo 2 de abril de 1918 en el Colegio de los Marianistas de Aldapeta tuvo especial eco en los periódicos locales. Escribía 'El pueblo Vasco': «Treinta niños, verdaderos ángeles por su candor e inocencia, acercáronse por vez primera a recibir en sus pechos a Jesús Sacramentado, con un corazón sano, sin mezcla de egoismos ni de ambiciones y ofreciendo a nuestra vista uno de esos espectáculos, ante el que por su grandiosidad parecíamos ver horizontes sonrosados en un porvenir muy próximo».
En una galería contigua a la capilla y organizose la procesión. La Cruz y el estandarte del colegio precedían a dos largas filas de monaguillos, seguían los niños que hicieron la primera comunión el año antes y a continuación, llevando cirios encendidos artísticamente engalanados, iban los primeros comulgantes, seguidos del director del colegio y el capellán.

Empezó el acto interpretando al órgano el 'Laudate Dominum', de Gounod. A continuación el oficiante dirigió la palabra a los asistentes. En un momento determinado, los niños abandonaron sus puestos para ir a donde estaban sus padres que con el ósculo les otorgaban el perdón.
Luego la misa, y en el momento de recibir los primeros comulgantes el Pan de los Angeles, el coro entonó el 'Anima Christi'. Voy a publicar los nombres de los comulgantes. Tal vez alguno viva hoy, con 87 años, y habrá hijos y nietos que lean aquí sus nombres, éstos: Manuel Aguirrebengoa, Alejandro Guerrero, José María Rezola, Bernardino Jaureguialzo, Manuel Barriola, José Acordagoitia, Juan Múgica, Nicolás de Mendiburu, Javier Villar, Rafael Franco, Agustín Ansa, Avelino Sobron, José J. Olaizola, Eduardo Zulaica, Javier Noain, José Zapirain, Vicente Ferraz, José María Lojendio, Eduardo de Quevedo, Jesús Aristizabal, Luis Villar, Juan Urcola, Roldán Moh, Jorge Ibarrondo, Manuel Mendizabal, Benigno Soto, José Soto, José Ugalde, Ignacio Galdos, Manuel Casadevante, Gabriel Cruz, José Cantonet y Angel Ibáñez.
En la tarde se celebró el acto de las promesas del Bautismo cantándose al final la Salve y el Tantum Ergo de Palestrina.


KOXKAS - R.M. - DV - 02 / 04 /1998

miércoles, 13 de marzo de 2013

Don Agustín Embil

En 1917 fue nombrado párroco de Santa María y hasta 1937 ejerció su cargo. Era don Agustín Embil Lazcano, nacido en Guetaria en 1874, quien por una providencia especialísima de la Santísima Virgen recibió las aguas bautismales en la parroquia de Santa María, bajo las maternales miradas de la imagen de Nuestra Señora del Coro, presagio venturoso de su apostolado futuro.
Hombre de aspecto venerable, de carácter bondadoso y acogedor, no conoció jamás la falsedad ni la mentira. Fue piadoso y deboto, organizó durante sus veinte años de párroco en Santa María el ejercicio solemne del Vía Crucis cantado, restableciendo la tradicional  costumbre de esta devoción camino de Urgull.
También restauró la capilla del Cristo de la Paz y Paciencia, y tuvo siempre el pensamiento de levantar en Urgull una imagen de Cristo extendiendo sus brazos redentores sobre la ciudad, que fue realidad unos cuantos años después de su muerte. 
Fue verdadero apóstol de la devoción a la Virgen del Coro. Predicó con  palabra fácil su devoción a la Virgen y hasta en la hora de su muerte dio testimonio de ella pidiendo a los que le rodeaban que le llevasen al Camarín.
Quiso la Virgen premiarle en vida visitándole, cuando enfermo y retirado, se hallaba en Zumaya, pues viendo el sacerdote don Alfonso Tejada el peligro que corría la imagen de Nuestra Señora del Coro durante la dominación marxista en los primeros días de la guerra civil, la trasladó a la casa de Zumaya donde residía don Agustín: el fue su custodio y Ella su mayor lenitivo.
Murió en la tarde del 4 de enero de 1937 teniendo extendido sobre su cuerpo agonizante el manto blanco de Nuestra Señora, como símbolo de una vida pura.
Su despacho parroquial se convirtió en capilla ardiente. Allí estaba el cadáver  de don Agustín revestido con casulla morada, teniendo en las manos un cáliz, cubiertos los pies por un paño de tisú.
En el testero de la habitación se había colocado un crucifijo de gran tamaño sobre paños negros. Monjas de varios conventos le velaban. En un altar portátil se dijeron al día siguiente varias misas.
El miércoles, día 6, en el atrio de la iglesia fue recibido el cadáver por el clero parroquial mientras las campanas doblaban a muerto y el Orfeón entonó un reposo organizándose un fúnebre cortejo camino de Polloe.
El duelo lo presidían las autoridades locales. San Sebastián acompañó a don Agustín  al cementerio. Los funerales se celebraron el 7 de enero.

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