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lunes, 18 de marzo de 2013

CICLISMO EN EL VELÓDROMO

San Sebastián fue una de la primeras, si no la primera, ciudades de España que tuvo un velódromo. Y al escribir de aquel primer velódromo que estaba en el paseo de Atocha, hoy del Duque de Mandas, hay que traer aquí los nombres de Gervais y Comet, pues gracias a ellos, principalmente, se construyó aquel centro deportivo donde el recién nacido ciclismo pedaleaba y competía en diferentes pruebas.

El velódromo anunciaba con frecuencia carreras ciclistas, y la gente acudía para presenciar el esfuerzo de aquellos deportistas. Yo voy a traer aquí la reseña de una reunión que tuvo lugar el domingo 7 de diciembre de 1902, a las tres de la tarde, siendo el precio de la entrada 50 céntimos, destinándose lo obtenido, después de cubiertos los gastos, a la Casa de Misericordia.

Empezó el espectáculo con un enfrentamiento entre el famoso caballo Brillante, montado por el jockeyGarcía, y el campeón de velocipedismo guipuzcoano Joaquín Mur, que corrió en la bicicleta sistema Peugeot de cuatro metros de multiplicación. El recorrido fue de ocho vueltas al velódromo, con un total de 3.600 metros. La carrera fue muy interesante. El caballo, con su jinete, salió a buen paso primero y después al galope, por la pista interior. El ciclista hizo la carrera por la pista exterior, llevando un entrenador.

Después de luchar ambos corredores, obtuvo la victoria el caballero, que hizo el recorrido en 6 minutos 40 segundos, siendo el tiempo invertido por el ciclista de 6 minutos 45 segundos.

La segunda prueba consistió en un enfrentamiento entre cuatro andarines guipuzcoanos y el famoso ciclista Ignacio Esteban, con máquina extrapista de siete metros de multiplicación. La pista exterior, que era la que tenía que recorrer el ciclista, se hallaba cerrada en sus lados opuestos por medio de una valla. La interior estaba dividida en cuatro cuadrantes, en cada uno de los cuales se colocó uno de los andarines.
Salieron de un mismo sitio, coincidiendo, respectivamente, con la pista correspondiente que cada uno debía ocupar.. El ciclista, al llegar a la valla, pasaba la máquina por encima de aquélla, volvía a montar y hacía el recorrido de esa forma hasta , llegar a la otra valla.

Enseguida se vio que la desventaja del ciclista era grande. El andarín salía del primer cuadrante, y .al llegar al segundo, entregaba una varilla al que le esperaba y salía el que la recogía, quedándose allí el recién llegado.
El recorrido de seis vueltas al velódromo, equivalente a 2.700 metros, lo hicieron los andarines en 6 minutos 45 segundos y el ciclista empleó 7 minutos exactos.

AQUEL VELÓDROMO

En el principio fue el ciclismo... luego vendría el foot-ball. Por eso, antes que el campo de Atocha, fue el velódromo de Atocha. Se inauguró el 1895 y era propiedad municipal. Fue don Julián Comet quien se comprometió a cerrarlo con una valla que lo circundaba. Había entonces bastante afición al ciclismo en San Sebastián, y cuando había pruebas, se cobraba un real la entrada. Tenía el velódromo un perímetro de 40 metros, con unas rectas largas, magníficas para sprintar, lo que se podía con aquellas máquinas pesadas, que no eran más que dos ruedas con un cuadro y un manillar. La pista era de portland. Cerca de la pista había unas casetas en las que se guardaban las bicis. Había pruebas una o dos veces por semana,
Los que lo conocieron, recordaban una prueba excepcional que allí se disputó: el Gran Premio Alfonso XIII. El Rey, todavía un niño, tenía mucha afición a la bicicleta, siendo el citado Julián Comet quien unas veces en el velódromo y otras en los jardines de Miramar, le enseñó a pedalear. En el velódromo se celebraron famosas carreras internacionales, a las que no desdeñaba de acudir la Reina María Cristina con sus hijos, de corta edad a la sazón. El velódromo desapareció. Se lo comió el foot-ball. El equipo de fútbol donostiarra había ganado el campeonato de España de footbáll y la afición al balompié era cada vez mayor. Esa afición pedía a gritos un campo adecuado, pues el que había en Ondarreta era insuficiente. Las peticiones llegaron hasta el alcalde, que las atendió, y Atocha se convirtió en el campo de la Real Sociedad.
Se cerró el velódromo y años después se evocaba en un artículo periodístico. «Aún recuerdo aquel velódromo», escribía, «con sus peraltadas curvas en los extremos del mismo y su gazón de hierba en el centro, en el que crecían blancas y pequeñas margaritas y rojas y diminutas fresas silvestres que los niños de entonces ensartábamos en un junco, en uno de aquellos jancos en que también solían ensartarse los churros»


KOXKAS - R.M.- DV

miércoles, 13 de marzo de 2013

COMET, INTRODUCTOR DEL CICLISMO

Fue Comet el introductor del ciclismo. en Guipúzcoa y en San Sebastián, francés como José Gervais, del que podríamos decir que fue quien trabajó denodadamente en favor del ciclismo. Se organizaban entonces, a finales del pasado siglo competiciones en el recién inaugurado velódromo, sito en el paseo de Atocha, donde luego estaría el campo de fútbol de la Real Sociedad.
En aquel velódromo, con sus dos peraltes pronunciados, su pista lisa, el centro del campo cubierto de hierba y unas tribunas desde las cuales la familia real presenciaba algunas pruebas, era Comet el animador de las competiciones que se organizaban, quien como escribió un cronista de la época «nos permitió conocer a los ases internacionales de entonces, enseñando a los donostiarras a montar en la machina, siendo Comet quien en los jardines de Miramar le enseñó a Alfonso XIII, muchacho a la sazón, a rodar montado en aquel que alguien llamó caballo de acero».
Abrió un establecimiento de venta y alquiler de bicicletas en el número 8 de la Avenida y a través de él facilitó, canalizó y popularizó la naciente afición. Por entonces nació el Veloz Club Donostiarra, establecido en la calle General Echagüe y del que fue presidente don 
Demetrio Echeverría, club que, probablemente, fue el primero. de índole deportiva que hubo en nuestra ciudad.
Y de la confluencia de ambas actividades, la comercial de Comet y la deportiva del Veloz Club el ciclismo adquirió en San Sebastián, propagándose después a la provincia, el auge que pronto hubo de lograr.
Es curioso a este respecta la noticia que daba un periódico de San Sebastián a mediadas de mayo de 1879 respecto a aquel vehículo que fue el inmediato precursor de la bicicleta propiamente dicha (el biciclo), que no adquirió en líneas generales su fama actual hasta 1893. «El viernes último a la tarde -decía la noticia a la que me refiero- un singular viajero llamaba la atención de cuantos transitaban par la carretera de Oñate a Tolosa por Zumárraga, Beasain y Alegría
Era un velocipedista extranjero a juzgar por las exclamaciones de las gentes ante su insólita presencia. Iba provisto de una cartera de viaje, mochila a la espalda, sombrero de paja y el velocípedo en que corría a rienda suelta nos pareció que tenía la rueda trasera mucho más alta que la que tienen los que hasta ahora hemos visto. A eso de las siete deteníase nuestro viajero a echar un trago de vino en Alegría, y después de descansar un rato, pasaba por Tolosa en dirección a nuestra ciudad». Fue Comet una institución en San Sebastián, la primera bicicleta del reino.

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