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sábado, 20 de agosto de 2016

31 de Agosto de 1813 (*)

Triste aquella fecha, cuyo recuerdo llena de espanto. Se ha escrito mucho y se seguirá escribiendo sobre aquel 31 de agosto de 1813. Un testigo que vivió aquellas horas, dejó escrito esto:
"Una soldadesca desenfrenada atropella a los habitantes de es noble ciudad, sin detenerse ante la avanzada edad de los que imploran, ni ante la virtud de las que huyen; el saqueo y el incendio cual ennegrecido sudario, cubre la ciudad al mediodía del 31 de agosto de 1813, en que empezó el asalto, contándose más tarde en las estrechas calles, quinientos muertos y en los provisionales hospitales, mil quinientos heridos, de parte de los anglo-lusitanos. Más de nueve décimas partes de la población quedó convertida en cenizas, , perdidas todas las fortunas, sacrificadas todas las inocentes criaturas, saturada de sangre y oprobio, aquella soldadesca se entrega al saqueo, llevando caballerías cargadas de objetos a los buques surtos en Pasajes.
No hay frases posibles para consignar aquel desastre, ni pluma que describa aquel horrendo crimen"
De aquel montón de ruinas, salió la reacción. Fue en Zubieta donde reunidos un grupo de supervivientes de la tragedia, acuerdan levantar la ciudad, para que volviera a ser lo que fue. De aquellas actas de Zubieta tomo este párrafo:
"Convino la reunión en que instando la magnanimidad de sus antepasados, sin abatirse por la espantosa calamidad presente se debían poner todos los medios imaginables para la más pronta repoblación de la ciudad; y considerando que el medio más eficaz de que no se disperse y emigre a otras provincias la parte del vecindario que se ha salvado de la furia de los anglolusitanos y de conservar siquiera los templos y algunas casas, atraer a los habitantes, reedificar y conseguir del gobierno algunos auxilios; es la creación de un Ayuntamiento que reúna la voz, representación y derechos de todos los vecinos y llene el nombre de la ciudad de San Sebastián, para que suene su existencia política, ya que ha desaparecido la física, por su quema total, resolvió de común conformidad, y ante todas las cosas escribir un propio a la Diputación que reside en Tolosa, la carta que firmaron todos los que componen el congreso".
El primer paso estaba dado en Zubieta. Luego vinieron los siguientes y de las cenizas que dejó el asalto y quema de la ciudad, nació otra nueva encerrada también en sus murallas pero que pronto las derribó para poder mostrar al mundo que los donostiarras no se consideraban vencidos por una soldadesca desalmada.

KOXKAS - R.M. - DV - 30 AGOSTO 1998 

lunes, 27 de abril de 2015

UN INCENDIO

MUCHOS han sido los incendios que a través de los años ha sufrido San Sebastián, quedando tras algunos de ellos medio destruido el caserío. Del registrado en la madrugada del 23 de Enero de 1738 hay cumplida información, pues un acta del Ayuntamiento da detallada cuenta del mismo.

El incendio comenzó en la casa número 4 de la Plaza Nueva (hoy Constitución) y era tan violento que inmediatamente cundió la alarma entre el vecindario. Las campanas de Santa María y San Vicente pusieron en pie a la gente. El incendio pronto llegó a los altos de la casa llevando el espanto a todas partes por el peligro de extenderse a otras calles. Se colgaron faroles en las ventanas de las casas para que los que fueran a apagar el fuego pusiesen maniobrar mejor y se eligieron a varios vecinos para que cuidasen de que los bueyerizos en barricas y tinajas y las mozas en herradas y cestas llevasen agua y arena, y de que se sacasen las grasas y aceites que había en algunas casas de la calle Juan de Bilbao.

Abriéronse las puertas de Tierra y del Muelle, hecho casi nunca visto, para que entrase la gente del barrio de San Martín, de los caseríos extramurales y de los navíos surtos en el muelle. El gobernador puso a toda la guarnición sobre las armas para que con sus hachas y picos ayudasen a los carpinteros a las demoliciones.

De pronto se suspendieron los trabajos, al bullicio sucedió un gran silencio sólo interrumpido por el ruido de las llamas y el estrépito de los materiales que se derrumbaban, y todos se postraron de rodillas. Era que aparecía la Virgen del Coro conducida en procesión a la casa concejil por el vicario de Santa María don Pedro Manuel de Echeverría.

Convertida la plaza en templo cuya bóveda era el cielo y alumbrados por las llamas de dos casas que ardían, todos de hinojos oraban ante la imagen. Poco después descargó un aguacero que mojando los tejados disminuyó el temor de que el fuego se propagase. Luego la imagen fue llevada a la iglesia de las Carmelitas. Minutos más tarde aparecía en la plaza el Santísimo Sacramento conducido por el vicario de San Vicente don Manuel Antonio de Iriarte, acompañado por los religiosos de San Telmo y del Colegio de la Compañía de Jesús.

A las seis de la mañana dos casas habían desaparecido pasto del fuego, siendo derribadas las tres inmediatas.

El Ayuntamiento distribuyó pan, vino y queso a los que trabajaron para apagar el incendio y acordó pagar el gasto de hachas, ceras, velas de sebo, barricadas, farolillos, etcétera.

R.M. - (DV- 26-01-1997)

miércoles, 13 de marzo de 2013

31 DE AGOSTO DE 1813

Triste aquella fecha, cuyo recuerdo llena de espanto. Se ha escrito mucho y se seguirá escribiendo sobre aquel 31 de agosto de 1813. Un testigo que vivió aquellas horas, dejó escrito esto:
"Una soldadesca desenfrenada atropella a los habitantes de es noble ciudad, sin detenerse ante la avanzada edad de los que imploran, ni ante la virtud de las que huyen; el saqueo y el incendio cual ennegrecido sudario, cubre la ciudad al mediodía del 31 de agosto de 1813, en que empezó el asalto, contándose más tarde en las estrechas calles, quinientos muertos y en los provisionales hospitales, mil quinientos heridos, de parte de los anglo-lusitanos. Más de nueve décimas partes de la población quedó convertida en cenizas, , perdidas todas las fortunas, sacrificadas todas las inocentes criaturas, saturada de sangre y oprobio, aquella soldadesca se entrega al saqueo, llevando caballerías cargadas de objetos a los buques surtos en Pasajes.
No hay frases posibles para consignar aquel desastre, ni pluma que describa aquel horrendo crimen"
De aquel montón de ruinas, salió la reacción. Fue en Zubieta donde reunidos un grupo de supervivientes de la tragedia, acuerdan levantar la ciudad, para que volviera a ser lo que fue. De aquellas actas de Zubieta tomo este párrafo:
"Convino la reunión en que instando la magnanimidad de sus antepasados, sin abatirse por la espantosa calamidad presente se debían poner todos los medios imaginables para la más pronta repoblación de la ciudad; y considerando que el medio más eficaz de que no se disperse y emigre a otras provincias la parte del vecindario que se ha salvado de la furia de los anglolusitanos y de conservar siquiera los templos y algunas casas, atraer a los habitantes, reedificar y conseguir del gobierno algunos auxilios; es la creación de un Ayuntamiento que reúna la voz, representación y derechos de todos los vecinos y llene el nombre de la ciudad de San Sebastián, para que suene su existencia política, ya que ha desaparecido la física, por su quema total, resolvió de común conformidad, y ante todas las cosas escribir un propio a la Diputación que reside en Tolosa, la carta que firmaron todos los que componen el congreso".
El primer paso estaba dado en Zubieta. Luego vinieron los siguientes y de las cenizas que dejó el asalto y quema de la ciudad, nació otra nueva encerrada también en sus murallas pero que pronto las derribó para poder mostrar al mundo que los donostiarras no se consideraban vencidos por una soldadesca desalmada.


KOXKAS - R.M. - DV - 30 AGOSTO 1998 

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