Las fiestas del día de San Sebastián estaban hace cincuenta y tantos años derivando por derroteros que poco tenían que ver con los festejos que hasta entonces se habían celebrado. Las diversiones típicamente donostiarras habían ido cambiando y de ello se lamentaban muchos ciudadanos serios y sensatos, amigos de las fiestas pero no de las que iban envueltas en chavacanerías. voy a tomar una serie de opiniones que salieron a la calle en enero de 1948.
La primera la de Carlos Santamaría, ilustre profesor, quien abogaba por un sano donostiarrismo constructivo, sano y ágil, apartando a la juventud del virus extendidísimo de un koshkerismo centrado en la Parte Vieja donostiarra y en el gastronomismo. "El donostiarrismo se ha reducido hoy a unas pocas cosas de valor muy relativo : al culto de tres o cuatro ritos o festejos populares, que en un tiempo fueron ingenuos y a los placeres de la mesa, a un buen comer y a un mejor beber. Y, sin embargo, el donostiarrismo es mucho más que todo eso".
En un artículo titulado "Esto no es aquello", el periodista y profesor del Instituto José Berruezo, escribía : "Es posible que todavía no se esté a tiempo de salvar el concepto de donostiarrismo del naufragio en que, de 7 años a esta parte, parecen tantos y tantos matices psicológicos y morales informantes de la perfecta ciudadanía".
Alfredo Rodriguez Antigüedad, también periodista, reaccionaba muy sensatamente contra quienes consideraban "que el donostiarrismo no se adquiere más que teniendo la partida de bautismo en San Vicente o Santa María. Las costumbres donostiarras no fueron las de hacer el recorrido, las de llenar los bares, las de organizar campeonatos de mus .... es horrendo el espectáculo de esas calles en que la gente se apretuja para entrar y salir en los bebederos ...."
En la Hoja del Lunes se publicaba sin firma un artículo que en uno de sus párrafos decía : "A juzgar por el lamentable espectáculo que las calles de la ciudad ofrecen durante la noche del 19 de enero, lo que pudiera tener de tradicional la víspera de la fiesta mayor, ha sido adulterado y deformado de su forma tal, que ninguno de los veteranos de la Artesana o de La Fraternal podrían hallar un adarme de donostiarrismo o de koshkerismo en estos festejos de nuestros días".
DV - KOXKAS - R.M.
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viernes, 15 de marzo de 2013
miércoles, 13 de marzo de 2013
TIPOS POPULARES DONOSTIARRAS
Las fiestas populares en el San Sebastián de hace ochenta años o cien años estaban animadas por figuras que han pasado a la pequeña historia de la ciudad. Voy a traer hoy a esta columna a algunas de ellas. Figura principal yalcalde a perpetuidad de aquellas tamborradas de 1900 fue Angelito Minondo. Tipo bohemio y chacarrillero, pertenecía a una familia acomodada que tenía un gran almacén de ultramarinos.
En unos San Fermines estaba en Pamplona y en la plaza de toros se armó la marimorena contra el presidente, y en medio del gran barullo Angelito Minondo sacó una larga caña de la que colgaba una naranja y acercándola al presidente le daba en la cara. Fue detenido y pasó quince días en la cárcel. Cuando llegó a San Sebastián en unlandó tirado por cuatro caballos, le esperaba un gran gentío "que le recibió como a un héroe popular. Se apeó del coche dignamente y recibió el homenaje repartiendo apretones de manos y puñados de calderilla a la chiquillería", escribió Juan de Hernani.
Otra figura popular fue Manish, cuya gordura era insuperable. Llegó a pesar 175 kilos. Su padre, también gordo, era cochero y dueño de una cochera en la calle Bengoechea. Manish de pequeño acompañaba a su padre en el pescante, pero al empezar a engordar renunció a sus paseos en coche y a los estudios de bachillerato. Tenía un gran apetito y muchísima sed. "En las cabalgatas aceptaba de buena gana el papel de Baco. Lustroso y coronado depámpanos sobre un trono de barricas, era exactamente la pagana deidad del cuadro (Los borrachas o El triunfo de Baco) de Velázquez".
Ofrecía su figura para las fiestas benéficas y populares y sabía hacer de Don Tancredo en las becerradas de la Unión Artesana. Murió a la edad de 40 años.
Brocolo era otra de las figuras populares de hace años. Solía estar entre los tenderetes de La Brecha. Un día, una casera que buscaba un relojero para que le arreglara el reloj del caserío le contrató. Brocolo, que no tenía ni idea de relojería, se presentó al día siguiente en el caserío con un amigo, su ayudante. Lo primero que dijo es que mientras arreglaba el reloj "prepárenos una tortilla de jamón para merendar". Con un tenedor hacía cosquillas a la maquinaria. Cuando estuvo preparada la tortilla fueron a la cocina a dar cuenta de ella. Brocolo entraba y salía y hurgaba en las entrañas del reloj que, de repente, empezó a sonar. La casera pagó tres pesetas por el trabajo y Brocolo y su amigo se iban y el reloj seguía sonando. La casera preguntó cuando iba a parar a parar ahora todas las que le faltan", contestó.
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