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sábado, 10 de septiembre de 2022

MISTERIOSO SUCESO

 Misterioso suceso


No se hablaba de otra cosa aquel mes de setiembre del 1893 en nuestra ciudad. Y no era para menos.

En los últimos días de agosto llegaron a San Sebastián el principe Victor, un ucraniano de 28 años de edad, delgado, rubio, con patillas largas y tipo enfermizo, y la baronesa Mary Van Raedelheim alemana, alumna de medicina de la Universidad de París, de edad parecida a la del príncipe, de ojos pequeños, penetrantes, labios muy salientes, con aire aplomado y perspicaz. Ella decía que era hija del primer ayudante de campo del Rey de España don Amadeo de Saboya, sobrina del general Bazone Van Raedelheim, primer ayudante del archiduque Juan de Coburgo-Gotha y sobrina de la duquesa de Wellington y que había renunciado a favor del príncipe todos sus bienes, que ascendían a 600.000 francos, más los inmuebles que valían más de un millón.

Aquella extraña dama solicitó los servicios de tres médicos para que certificaran que el príncipe estaba en peligro de muerte próxima. Los doctores Muñagorri, Urcelayeta y Gaiztarro fueron al príncipal del número 6 de la calle Guetaria, donde vivía la pareja, y dijeron que el príncipe no padecía ninguna afección grave y que sufría las consecuencias del abuso de morfina. Acudió la baronesa al juez municipal para que nombrase otros tres médicos que visitaran al príncipe, siendo designados los doctores Acha, Miranda y Tamés, quienes diagnosticaron que la enfermedad que padecía el príncipe podía poner fin su vida en plazo no lejano. La dama acudió entonces al juzgado municipal para que les Casara in articulo mortis». El juzgado designó otros tres médicos, los doctores Usandizaga, Oa y Pradera para que reconocieran al enfermo y estos galenos certificaron que éste no ofrecía peligro inminente de muerte, por lo que la justicia denegó el matrimonio in artículo mortis.

El príncipe fue ingresado en el Hospital de Manteo y la baronesa fue a la cárcel pues se habían querido ir a Bilbao sin pagar a la dueña de la casa el alojamiento y la comida de cerca de un mes. Se supo después que ella y su madre eran de Rouen y además impostoras que usaban los nombres de dos personas fallecidas en París y enterradas en el cementerio del Padre Lachaise, calle Gasselin, sección 60 con esta filiación: Mme. Gay Eugene. Denyse née Bertrand, muerta el 20 de julio 1886, y Mme Cartin née Gay Cecile. muerta el 10 marzo 1891. 7

Los protagonistas de esta historia fueron expulsados de España y la gente dejó de hacer comentarios sobre ellos.


KOXKAS 10 septiembre 93  R.M.


domingo, 29 de enero de 2017

El Cristo de la Mota

Fue el 7 de diciembre de 1688 cuando unos rayos cayeron sobre el polvorín del castillo de la Mota, produciéndose una explosión que destruyó las instalaciones militares y parte de la ciudad de San Sebastián

miércoles, 13 de marzo de 2013

MARI

El 9 de Enero de 1866 moría Mari, el bravo mariñel que tantas veces había acudido a salvar a quienes en la mar pasaban momentos difíciles porque el tmporal amenazaba con hundir su embarción. Hasta que le llegó su hora, y en la mar que había sido testigo de sus acciones de salvamento, moría entre las olas. Antonio Peña y Goñi glosó así su gesta: 
"Hincadas en tierra las rodillas, puestas las manos en el pretil del muelle nuevo, y asomando no más que los ojos, a causa del empuje del noroeste, seguimos aterrados las sacudidas de la lancha que avanza lentamente, sorteando los encrespados mares, cuando vemos de pronto formerse una ola monstruosa. 
La montaña de agua levanta su lomo enorme, rizado por el vendaval, crece, sube como un animal fantástico, va adelgazándose poco a poco hasta que su cima adquiere la reluciente finura de una daga; y despidiendo ese vapor acuoso que precede siempre al estallido, rompe a los pies de la embarcación. 
Es un zozobrar horrible: la trainera embestida por el branque y volando por los aires, como lanzada por el coletazo de una ballena. Un grito de horror se mezcla a los rugidos del cielo, levántanse las manos estallan los pechos, la gente corre despavorida.
Un segundo después, unas cuantas bolas negras flotan, subiendo y bajando al impulso de los mares, como cabezas de alfiler. 
-¡Una onza de oro para cada hombre que vaya a salvar a los valientes!- grita un aristócrata que ha presenciado la catástrofe.
-Aquí no llevamos nada por eso -contesta textualmente una voz.
Y vese salir otra trainera que manda Holandés, recoge a los náufragos de la lancha de Mari y vuelve con ellos a tierra, en medio del entusiasmo general. Todos están allí a bordo del atoaje, todos ¡ay! menos el héroe.
Ha desaparecido instantáneamente, se lo ha tragado la tumba inmensa, como si acechara una víctima digna de su insaciable apetito. No le han visto los compañeros, no se han dado cuenta de la desaparición de Mari, en aquella tragedia inaudita que ha arrastrado al gigante y lo ha sepultado para siempre en los abismos del mar.
Y mientras aquel Humilde tan Grande se hunde en el océano que guardará eternamente su presa (.....) las rompientes de Santa Clara ponen digno fin  y remate al drama, llevando al fondo pedregoso de la isla cuatro nuevas víctimas de aquel día de horror". 
Hoy se recuerda esa fecha en la hornacha dedicada a Mari en  el muelle donostiarra.

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