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miércoles, 13 de marzo de 2013

UN TEMPORAL

Hacía años que no se registraba un temporal de agua y viento, con un mar embravecido, como el que vivieron los donostíarras desde la madrugada del sábado 20 al mediodía del lunes 22 de dicíembre de 1884. La descripción que de aquélla furia del viento y el mar hizo el periódico Diario de San Sebastián pone los pelos dé punta. Nada tiene de partícular que el vecindario estuviese alarmado.
El sábado a la mañana arribó con un mar enfurecido la corbeta Concepción de Bílbao, viéndose en tan grave peligro que salio el salvavidas Guipúzcoa escoltando a un atoage a amarrar la embarcación y llevar la tripulación a tierra, pues el naufragio se consideraba inminente. La corbeta fue garreando sobre anclas hasta llegar a situarse frente al peñón del Antiguo, a pesar de lo fuertemente amarrada que había quedado.Pasaban las horas y la Concepción seguía garreando de tal modo que todos creían que iria a naufragar hacia el murallon denominado El Fraile.
El muelle y el paseo de La Concha se llenaron de curiosos, pese a la lluvia.Como el huracán iba adquiriendo cada vez mayor fuerza, zarparon de la bahía, contra viento y marea para Pasajes una docena de vapores de pesca. «Nunca se divisará otro espectáculo más grandioso y terrible a la vez, que aquel que presenciamos desde el Castillo de la Mota algunos pocos curiosos" escribió Diario de San Sebastián, «La lucha de los vapores contra el desencadenado mar fue sublime y terrible, sobre todo a la salida del canal de Santa Clara y frente a la barra del Urumea. Los vapores desaparecían por momentos, como sepultados bajo inmensos montes de agua, y al volver sobre la cima, pegaban tales botes que se asemejaban a pelotas de goma, Por fin, llegaron todo con felicidad a Pasajes, después de la atrevida y temeraria hazaña acometida por nuestros modestos cuan heroicos marineros».
En la bahía quedó el Maria Milagros cón la tripulación a bordo. El tiempo seguía empeorando, las olas barrían La Concha y los muelles; el vapor pedía auxilio siendo imposible socorrerle. Chimeneas y tejas volando por los áires. Sobre las 4 de la tarde el tiempo se calmó algo, comenzando a diluviar. En la madrugada del lunes los faros y truenos alarmaron a la gente, registrándose a las 6 un trueno que causó verdadero terror y que hizo temblar las casas de la Parte Vieja. Los relojes eléctricos se pararon. Un rayo cayó en el Castillo.Luego se calmó álgo el mar y el María Milagros pudo zarpar a Pasajes,
De aquellas jornadas conservaron memoria durante años los donostiarras, . 



CUANDO LLEGA EL INVIERNO

Los calendarios seguían señalando que los donostiarrás se encontraban aquellos ultimos días de octubre de 1896en otoño, pero la gente decía que había llegado el invierno. Ya habían salido a la luz capas y gabanes, se encendían las estufas y braseros. Y la.cosa estaba peor por otros sitios como Orduña, Pagasarri, Vitoria, Burgos, Segovia, Avila y Soria... donde había nevado copiosamente. Hacía un frío intensísimo en Madrid.De San Sebastián se iban los últimos veraneantes que quedaban. El periódico daba sus nombres, que yo copio: se habían marchado los marqueses de Pickman, y sus hijos los señores de León y Primo de Rivera, el exministro don Pío Gultán, los barones de Cotróstegui, la familia Soriano-Murillo, la marquesa de Donadío...Además había aparecido las castañeras, estampa típica del invierno. Su ajuar era bien modesto: un mal banquillo, un cajón con algo de paja donde metían los pies para no helarse dé frío, un hornillo con brasa yuna sartén agujereada donde se asaban y reventaban al calor las castañas, hoy anuncio ciudadano del invierno.¡Castañas! Manjar agreste que nos recuerda el aurresku frente a la iglesia del pueblo, el tamboril en la plaza, las veladas lóbregas e interminables del caserío, el aitona patriarcal rezando el Rosario... Ya están ahí las castañeras desafiando al tiempo e invitándonos a regularlas al grito de ¡asaditas, calientes!Aquel 18 de octubre de 1896 todo estaba presto para la marcha de la Corte: el tren formado en la primera vía de la estación; los focos eléctricos brillaban con todo esplendor tanto en el andén exterior como en el interior; el elemento oficial iba camino de la estación, y a la Avenida, al paseo de los Fueros y al puente de Santa Catalina comenzaban a afluir gentío inmenso, curiosos de presenciár la marcha de los Reyes.De súbito se supo que la familia real había aplazado el viaje. La noticia circuló con la rapidez del rayo. La razón que se dio fue la súbita indisposición sufrida por la infanta María Teresa, a la que el viaje de noche, según los médicos, podía perjudicar. En la estación se reunieron los altos empleados de la compañía para formar el nuevo itinerario, acordándosé que el tren real saliera a las 9.50 de la mañana del día 19. El 21 de octubre de 1886 hubo función en el Teatro Principal, pero aquel día los espectadores se hallaban fuera del edificio, frente a su fachada. La compañía francesa que iba a trabajar envió a un operador, M. Rolland, que con un potenté aparato exhibió en la fachada diversas escenas de la pieza Martyr, así como los retratos de los artistas que formaban la «troupe». La calle de Embeltrán estuvo repleta de gente.


KOXKAS - R.M. - DV - 17/05/2003

NIEVA EN LA CIUDAD

Una nevada cubrió de blanco San Sebastián a principios de enero de 1894. Y no faltó la prosa política de Marcelino Soroa para describir el paisaje de la ciudad y sus alrededores envueltos en el blanco sudario de los copos de nieve.(LA UNION VASCONGADA,Jueves 4/01/1894, nº.843, portada)
Qué delicioso es ver nevar sin experimentar los rigores del frío! Observad el lento descenso de los copos que caprichosamente tienden, bien a reunirse aumentando por lo tanto de volumen, o bien parecen desdeñarse, aislándose frívolamente como si anduvieran a 'bules' hasta llegar a posarse de una manera incierta al punto menos determinado en su caída.
Después el esmalte del suelo tapizado por delicadísimas láminas que a la acción de la luz producen brillantes colores».
¿Y los pajarillos, qué es de los pajarillos cuando la nevada cubre calles, casas, jardines y paseos?
«Los ateridos pajarillos que apenas pueden tender su vuelo, llegan en pos de algún abrigo al amparo de las calles y plazas. Buen amparo les espera! Ya se encargarán los 'muquizus' de hacerlos ver que se hallan en España. Pues ya se sabe que en los jardines de París y otros puntos de Francia, los pajarillos se acercan a comer unas migas de pan de manos de los mismos chicos; porque allí no hay muquizus. Esta es una fruta genuinamente coskera. Así pues, por esta vertiente de los Pirineos, perseguidos y acosados los pobres pajarillos, con la red de emboscadas que les arman, sucumben al nutrido fuego de las bombas de campo. ¡Inocentes víctimas!».
Todos gozaban de la nieve, al decir de Marcelino Soroa. «Desde el tierno 'muguizu' que recientemente se ha colgado sus greguescos hasta el octogenario que al amor de una bien encendida estufa contempla la caída de esa infinita variedad de copos, goza cada cual a su guisa.
El placer del primero estriba en lanzarse a la calle, formar una pelotilla y mostrar regocijado en casa, gritando: ¡Ya tengo nieve, ya tengo nieve! El anciano, compara la temperatura exterior con la que él disfruta, entra en cabildeos acerca de nevadas que en sus mocedades duraron más o menos tiempo, aviva un poco el fuego, se arrellana en su sillón y concluye por exclamar: "aquí me las den todas!".
Las bolas de nieve se dirigían a los paraguas que llevaban abiertos algunos transeúntes, los atacaban con brío produciendo estrepitosos ruidos que provocaban la hilaridad de otros individuos...
Así disfrutaban aquellos chicos de hace un siglo cuando la nieve caía sobre la ciudad.



TEMPORAL EN EL CANTÁBRICO

FUE aquel un temporal, uno más, de los que el Cantábrico suele registrar cada año, con todas sus consecuencias de destrozos, naufragios y a veces víctimas mortales.Al que voy a referirme se inició en la noche del viernes al sábado, 23-24 de noviembre de 1928. El vendaval fue en aumento y en plena noche sorprendió al pesquero 'Irurak-Bat', de matrícula de San Sebastián que rompió amarras y fue arrastrado por las olas mar adentro. Los tripulantes, menos dos, consiguieron abandonar el barco que por fin fue arrastrado hacia el Club Náutico desde el que se tiraron unas cuerdas y los dos tripulantes que se hallaban a bordo consiguieron salvarse. El barco fue a estrellarse a la playa de La Concha, quedando partido en dos mitades. El temporal causó algunos destrozos, princípalmente en los tejados. El embarcadero del Náutico fue destrozado. La entrada en el puerto de los pesqueros que llegaban de arribada forzosa se hacia con grandes dificultades. La motora salvavidas de la Sociedad de Salvamentos les prestaba ayuda. Dos pesqueros, zarandeados por las olas, corrieron peligro de abordarse, pero fueron auxiliados por la lancha.El agua hizo destrozos en el muelle, en la parte de Cai-Arriba, donde el muro del malecón exterior, resquebrajado por los empujes del agua, se agrietó y cedió, derrumbándose. Las aguas, libre el camino que les ofrecía el muro derribado, comenzaron a adentrarse cada vez más, llevando objetos que no habían sído retirados. Las aguas saltaban por la escalinata que subía al Paseo Nuevo, destrozando la caseta de Obras Públicas que había allí. Tuvieron que ser desalojadas aquellas casas. Algunos talleres quedaron destrozados.El barco de la casá Sota y Aznar, de 2.700 toneladas, el 'Arnabal-Mendi', navegaba de Bilbao a Pasajes y al no poder entrar en este puerto regresó a Bilbao, pero era tal la fuerza del viento y el estado del mar, que fue arrastrado hacia el cabo Machichaco. Se le rompieron algunas palas de la hélice, quedando el barco sin gobierno, yendo a parar a la deriva a la costa francesa, embarrancado en las rocas próximas a San Juan de Luz. El SOS lanzado por su capitán Venancio Goitia, fue recogido y los 28 hombres de la tripulación, entre ellos un muchacho de 15 años, fueron salvados por el pesquero 'San Pedro', de Pasajes. Se lanzaron cabos de arrastre, pero era imposible remolcar al 'Arnabal-Mendi', que fue contra las rocas, detrozándose. El temporal siguió dos días más, sin que se registraran desgracias personales.


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