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lunes, 9 de enero de 2023

Temporal en el Cantábrico

 Aquella jornada del lunes 9 de enero de 1924 la recordaron durante mucho tiempo nuestros arrantzales. El Cantábrico enfurecido, dijérase que quería adueñarse de la ciudad. A la hora de la pleamar, el temporal alcanzó extremos de gran violencia entrando el agua por las calles próximas al Rompeolas. En la de San Juan incluso se notaba el efecto del oleaje. El cine Miramar sufrió las consecuencias del agua lo mismo que el Paseo Nuevo donde los bancos fueron arrancados de cuajo. El pretil que se estaba construyendo en el Paseo de Salamanca desapareció y sillares de gran tamaño fueron a parar a las calles Euskalerria y General Jáuregui. Un trozo del barandado del puente del puente de María Cristina, de mármol comprimido y hierro, fue derribado.

En el Real Club Náutico quedaron inundados los salones de la parte baja donde los muebles flotaban sobre las aguas. También La Perla sufrió daños  siendo la circulación por la Concha peligrosa, pues el agua saltaba sobre el paseo. Cerca de la cárcel de Ondarreta fueron derribados los postes sostenedores de los cables del tranvía, teniendo que suspenderse el servicio. Las aguas batían los muros de la prisión.

El "Mamelena 3", de la casa Mercader era juguete de las olas . Tres hombres luchaban para gobernar el barco que a las ocho y media de la noche fue lanzado contra la playa, a la altura del Pico del Loro, embarrancando en la arena precisamente en el lugar que pereció el aviador Lebrón. Los tres tripulantes saltaron a la playa, pudiendo salvarse. El barco había intentado ganar el puerto de Pasajes, pero no pudo y con averías en la máquina entró en la bahía varando en la playa. A bordo quedaba un perro que no quiso abandonar la nave.

El bergantín "Ricardo", de matrícula de Luarca que venía con carbón para la Sociedad Vega de Seoane estaba amarrado a una boya en la bahía pero el mar arrancó la cadena de la boya y arrastró al barco hasta la primera rampa de la bajada a la Concha. Se creyó que iba a estrellarse contra el Náutico. Una vez varado se esperaba que el capitán saltara a tierra , pues los siete tripulantes por orden de éste habían abandonado el barco horas antes. El capitán Ramón Pérez Vidal, ante la magnitud del temporal, entró en la bahía y amaró el barco a una boya que consideraba segura quedando a bordo mientras ordenaba a la tripulación que abandonara el buque. Al soltarse éste de la boya, se creyó perdido. Pero el "Mamelena 6" le lanzó una cuerda y sujeto a ella se tiró al agua subiendo a este barco por la parte de proa.

Peor suerte sufrió el "Vicentita" que había salido en lastre de Pasajes para Avilés y que al llegar a Machichaco, ante la fuerza del temporal, volvió a Pasajes. Con el timón averiado y la máquina destrozada, el barco se partió en dos a la entrada del puerto, cayendo la parte de proa hacia Pasajes y la de popa hacia el mar. De los diez tripulantes solo uno, Servando García Suarez, consiguió salvarse.

Fueron aquellos hombres las únicas víctimas humanas de aquel temporal de hace sesenta años

R.M.-KOXKAS - D.V. 10/01/1984

sábado, 21 de mayo de 2022

EL MUELLE

 El Muelle


Fiestas en el barrio de la jarana. Mañana es Santa Rita y Santa Quiteria y no faltará. igual que hace años y años. el altar levantado en el portalón y las flores junto a las estatuas y la cera ardiendo. La gente del muelle, los marineles de hoy como los de ayer que pasan malos momentos en su arriesgada vida no olvidan la protección de lo alto y por eso rezan a estas santas y a la Virgen del Carmen.

El muelle donostiarra fue construido en los tiempos de Carlos V y de Felipe II, pero la última reforma importante se realizó a primeros de siglo y fue obra del ingeniero don Alberto Machimbarrena. Inaugurado el 20 de enero de 1905 el mismo día que el puente de Maria Cristinael primer barco que fue descargado traía un cargamento de cacao procedente de América y era el María Gertrudis»>.

El muelle donostiarra ha ido cambiando al paso de los años. Los donostiarras más viejos todavía recuerdan aquellos barcos a vela y que a últimos del pasado siglo llenaban de vida el puerto. José Maria Salaverria evocaba con nostalgia sus años infantiles y sus correrías por el muelle donde dejaba volar su fantasía. Los barcos que recuerda eran «hermosas corbetas noruegas y dinamarquesas, olientes a abetos aserrados; barcos holandeses de proa chata, barnizados como un mueble familiar, y el camarote con cortinillas en las ventanas; esbeltas goletas inglesas, limpias y elegantes como yates; bergantines sucios y feos de Nantes; quechemarines gallegos en que un grumete con la cara sin lavar se pasaba el dia pelando patatas; pailebotes blancos y airosos trayendo sal gruesa de las marismas de Cádiz. Y los veleros que hacían la carrera de las Antillas para volcar sobre el muelle toda la fastuosidad olorosa y azucarada de los frutos tropicales».

A los airosos veleros siguieron los barcos de vapor, “proletarios del mar”, que han echado los océanos a aquellos, pero que todavía siguen sirviendo como escuelas de navegación. En nuestro muelle se descargaba madera del Bático para las casas de Urcola y Múgica, bloques de hielo natural de Noruega y Suecia para las REN cervecerías de don Luis Kutz, que estaba en Ategorrieta y de don Benito Kutz, que estaba en el Antiguo, café, cacao, azúcar... lo que entonces se llamaba coloniales, para la casa Zubiri... 

¡Cuántas horas he pasado en mi infancia viendo descargar carbón del «Ruda» y del «Hernani» o cargar cemento al «Añorga y al «Virgen del Carmen», con Mariano Arrate dirigiendo la operación desde lo alto de su grúa! Hoy el muelle ha quedado convertido en modesto puerto de recreo y de pescadores, pero sobre los barquitos que hoy atracan en él sigue flotando en la imaginación de los viejos aquellos <<Mamelenas» de la casa Mercader que hace setenta años constituían un prodigio de la técnica que habían sustituido a las pesadas galeras movidas a remo y que fueron, entre otras cosas, el origen de nuestras regatas. 


R.M.


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