sábado, 1 de junio de 2024
sábado, 7 de enero de 2023
miércoles, 5 de octubre de 2022
EL REY VISITA EL MUSEO.
El Rey visita el Museo
Un modesto museo se abrió en San Sebastián en 1902. Fue debido a la tenacidad de un investigador donostiarra, un hombre estudioso y amante del pasado de nuestro pueblo cuyos trabajos arrojaron mucha luz sobre episodios casi desconocidos y desde luego olvidados del lejano ayer de San Sebastián. Se llamaba don Pedro Manuel de Soraluce.
Aquel museo recibió el 5 de octubre de 1902 la visita del Rey Alfonso XIII que llegó acompañado de los príncipes de Asturias y de la infanta María Teresa. Esperaban a los regios visitantes en el pórtico del museo, que se hallaba adornado con flores y plantas, el gobernador civil señor Bessón, el alcalde don Sebastián Machimbarrena, los tenientes del alcalde señores Acha y Laffitte y el conservador de aquél, señor Soraluce.
El Rey pidió detalles de las banderas, los cuadros y los trofeos de los generales Echagüe y Mina. De las pistolas de Mina se le explicó brevemente su historia. Aquellas armas de arzón, que había usado el célebre caudillo de la guerra de la Independencia, general Francisco Espoz y Mina, las había entregado su viuda, al general en jefe del ejército español en Marruecos, Leopoldo O'Donnell para que en juicio contradictorio se las regalara al jefe u oficial que más heroicamente se hubiera portado en la batalla de Tetuán. El agraciado resultó ser el benemérito hijo de Fuenterrabía Bernardo de Goenaga, comandante del Regimiento de infantería de León, quien al frente de su batallón fue el primero en asaltar las trincheras de Tetuán, librándose un encarnizado combate en el cual resultó con tres heridas el jefe español, y no obstante la sangre que perdía se negó a retirarse a una ambulancia, hasta que tras violenta lucha quedó la posición para España. Por su heroico comportamiento fue ascendido a teniente coronel sobre el mismo campo de batalla, siendo citado en la orden del día.
Aquellas pistolas pertenecían a la familia Goenaga y uno de sus miembros, el en-tonces concejal del Ayuntamiento de San Sebastián, las entregó en depósito para que figuraran en el museo donostiarra y con ellas las órdenes referentes al heroico comportamiento del ilustre soldado.
Ante el retrato de Catalina. de Erauso el Rey comentó que si fue monja no parecía. Tras más de una hora de recorrer el museo, el Rey abandonó éste, pero antes le fue presentado el niño José María Usandizaga al que le hizo varias preguntas sobre sus estudios en Paris, diciéndole que sabía de sus grandes méritos y que el próximo año no se privaria del placer de oirle..
KOXKAS - 6 octubre 92 - R.M.
lunes, 18 de marzo de 2013
ASTILLEROS EN CAY-ARRIBA
Aquel noviembre se terminó el Bigarrena, un airoso barco de corte elegante, que fue pintado de verde hasta la línea de flotación y de blanco el resto del barco hasta la obra muerta que ostentaba el color rojo. Eustaquio Andonegui estaba satisfecho de la obra realizada.
Fue botado el jueves 20 de noviembre de 1902. Los carpinteros que habían trabajado en el casco eran de Aguinaga y allí,y en Orio existía la superstición de que barco que se bota en viernes era desgraciado. Y a las seis de la tarde tuvo lugar la botadura. Allí estaba el constructor y en un rincon 'la mujer del constructo:r; con mantilla en la cabeza, rezando por el porvenir del barco, los socios, Antonio López y Compañía, los carpinteros dando martillazos, quitando cuñas, levantando topes, asegurando las dos paralelas por las cuales había de deslizarse, y muchos curiosos. No faltaban los muquizus ni el shelebre Antonio el Pashaitarra, institución del muelle en quien todo el mundo reconocía al gobernadar de la plaza marítima. Todo iluminado por la roja luz de unas hachas de viento, «cuyo humo envuelve como nube azulada el fantástico cuadro», escribió el cronista Angel María Castell, al que sigo en este relato.
Andonegui da unas cuantas vueltas al torniquete del gato que levanta la quilla por la parte de proa. El barco comienza a deslizarse sobre las dos vías de madera. Al llegar al agua se oyó un crujido de madera. Es una tabla puesta para amortiguar el golpe del barco en el último palmo de tierra.
El Bigarrena levanta en su derredor el agua «que luego se extiende formando espuma, como pañuelo de encaje que recoge al recién nacido a la vida del mar». ¡Un barco más para la flota pesquera donostiarra!
Aquel pequeño astillero de Cay Arriba no podía compararse con otros que había aquí, en el Urumea, y nada digamos con los de Fuenterrabía o.Guetaria. Pero producía barquitos, incrementando la flota pesquera donostiarra.
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