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domingo, 4 de septiembre de 2022

VISITA DE LOS REYES

 Visita de los Reyes

Su Majestad el rey Alfonso XIl y su esposa la reina Maria Cristina visitaron San Sebastián en setiembre de 1883. El Rey ya conocía nuestro pueblo pues lo visitó en 1878, al término de la segunda guerra carlista. Pero la reina, la que sería más tarde veraneante asidua y protectora constante de San Sebastián, no había estado nunca en nuestro

pueblo. El alcalde don Nemesio Aurrecoechea hizo público dirigido al pueblo donostiarra un bando que se fijó en los sitios de costumbre y que entre otras cosas decía: Vuestra proverbial cortesía y vuestro respeto a los más altos poderes de la nación, sabrán corresponder dignamente la honra que los Reyes os dispensan visitándonos».

El martes, 4 de setiembre, a la 1.20 llegaba el tren en el que viajaban los Monarcas. En la estación se hallaban las autoridades civiles y militares, clero, diferentes corporaciones, personalidades de la política y el pueblo.

En coche descubierto entraron en la ciudad y por las calles Oquendo, Pozo y Mayor se. dirigieron a la parroquia de Santa María, donde se cantó un Te Deum. Terminada la ceremonia religiosa se dirigieron a pie a la Casa Consistorial, precedidos del Ayuntamiento en corporación con los maceros.

Una vez que abandonaron los Reyes el templo, la gente que lo llenaba deseó salir sin dar tiempo a que el palio volviese al altar mayor y se agolpó de tal modo que lo destrozó, quebró una de las barras y torció otras.

Delante del Ayuntamiento se hallaba formado un escuadrón de Húsares de Antequera.

Sus Majestades ocuparon el salón principal del Ayuntamiento, verificándose la recepción oficial, durante la cual la música del Regimiento de Asturias ejecutó varias piezas.

Terminado este acto, los Reyes bajaron a la estación para saludar a la reina Pía de Portugal que pasaba de vuelta de Francia a Lisboa. Después, los Monarcas fueron al palacio de la duquesa de Bailén en Ayete, donde se alojaron.

A las seis de la tarde tuvo lugar en la Avenida la revista militar. Las tropas revistadas fueron los Regimientos de Asturias y la Lealtad, el batallón de cazadores de Estella, dos compañías de Ingenieros y una de Artilleria. La Reina asistió desde un carruaje al desfile. acompañada de la duquesa de Bailén. Los Reyes por la noche fueron al teatro del Circo, viendo parte de la obra Los baños del Manzanares.

Al día siguiente por la mañana marcharon a Irún, siguiendo el Rey viaje a Alemania y la Reina a Madrid


R.M. -. 4 septiembre 96 KOXKAS


miércoles, 13 de marzo de 2013

CURIOSIDADES

El largo y aburrido otoño e invierno lo combatían en 1883 los donostiarras de diversas maneras. Una de ellas eran los bailes. Abundaban, sobre todo los sábados y domingos. El 2 de diciembre de 1883 hubo tres, todos ellos muy concurridos. Uno en la elegante Tertulia de Recreo con acompañamiento de canto. 
Esta sociedad era la que más actividad desplegaba entonces. Otro baile, en la alegre Fratenal, popular sociedad que junto con la Artesana organizaba muchas fiestas. En este baile hubo acompañamiento coreográfico. Y el tercero en el Teatro Variedades, que se hallaba en la Calle Igentea, donde poco después se levantaría el Gobierno Militar. Según decía el peródico El Eco de San Sebastián, la orquestra que en este teatro actuó era afinada y en el baile hubo un surtido ambigú.
El citado periódico escribía al llegar diciembre que se trataba de "resucitar" aquel año la Misa del Gallo, el día de Nochebuena, costumbre que había desaparecido de San Sebastián a causa de los escándalos que se registraban. Y decía que "teniendo solamente abiertos los postillos de los atrios y ejerciendo rigurosa vigilancia los agentes de la autoridad a la vez que estando profusamente iluminado el interior, podría evitarse el más pequeño altercado".
Como se ve, los gamberros abundaban en aquellos tiempos, y el periódico constantemente denunciaba sus actuaciones. Uno de los lugares en los que se manifestaban era en las casas de Gorriya y en las de Ategorrieta, donde era constante la gritería y el espectáculo de taberna, en sus intermedios de cante flamenco, unas juergas que hacían imposible que las señoras y los niños pasearan por la bonita campiña. En las tardes de los domingos los "templos" de Baco ofrecían un aspecto indigno de San Sebastián.
En la calle Garibay, esquina a Peñaflorida, edificio hoy de la Caja de Ahorros, había en 1883 un gimnasio municipal que dirigía Marcelino Soroa, el escritor y poeta. Allí acudían muchachos que querían hacer realidad el mens sana in corpore sano de los antiguos. Los alumnos de este gimnasio adquirían un envidiable desarrollo a la vez que llegaban a hacer ejercicios propios de consumados artistas.
El caserío Artola, situado en lo alto que domina la vega del Antiguo, acababa de ser reconstruido aquel año. Durante la segunda guerra carlista, la colina estuvo ocupada por una batería que respondía al fuego de los cañones del célebre reducto legitimista de Ventasiquiñ. Del caserío sólo quedaron en pie las cuatro paredes y el tejado.

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