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lunes, 28 de noviembre de 2022

Luis Carril

 De aquella ya legendaria regata entre Ondarroa y San Sebastián, celebrada el martes, 2 de diciembre de 1890, se escribió mucho y también del patrón de los donostiarras, Luis Carril. Pero ¿cómo era aquel mariñel?

Había nacido en San Sebastián, el 25 de agosto de 1846, por lo que tenía 44 años en el momento de la regata. Desde joven destacó en el barrio de la Jarana por lo arriesgado y travieso que era. Ya de mozo había cambiado y se mostraba apacible.

En lo físico era enjuto, pesaba 59 kilos, de rostro curtido por los soles y los vientos de la mar, de mirada inquieta y viva, bajo de estatura, algo cargado de hombros.

sábado, 21 de mayo de 2022

SANTA RITA

 Santa Rita


La festividad de Santa Rita y Santa Quiteria era celebrada hace un siglo en el barrio de la Jarana y allí acudía la gente de todos los puntos de la ciudad a divertirse. El día de la fiesta, el 22 de mayo de 1892, publicaba el periódico una epístola en verso que Santa Quiteria dirigía a Santa Rita que decía:

«Carta muy formal y seria/ que a Santa Rita bendita/ de su puño y letra escrita/ dirije Santa Quiteria./ 'Mi queridísima Rita/ te escribo de mala gana/ si he de decir la verdad, y aunque la solemnidad,/ que dedica la Jarana/ a nuestra festividad/ tenerme alegre debiera/ no debo ocultarte Rita/ que hay una cuestión maldita/ que yo no sé quién de fuera/ trajo, y el humor me quita./ Irás al muelle, lo sé,/ te divertirás, lo creo,/ verás bromas, bailoteo/ y observarás también que/ no hay allá más que jaleo/ Verás que en cada corrillo/ se derrocha sin temor/ la elocuencia y el humor/ que presta en el Globulillo/ de la ginebra el calor/ Verás arcos y coronas/ colgaduras y banderas/ y entre otras cosas... ligeras/ verás monas ¡ay, qué monas!/ Mejor dicho ¡qué 'jumeras'!;/ verás los bueyes correr/ y quemar fuegos de balde;/ que la gente, lo has de ver/ 'a son esprit a l'anvers'/ (como diría el alcalde,/ pues resulta ¡como el sol!/ y como una y dos son tres/ que San Vicente de Pol/ fue ciudadano español/ y San Ignacio francés)./ Pero una cosa entristece/ hoy nuestra festividad, y es que se a halla la ciudad/ que casi desaparece que se ha hundido la mitad./ Tales son los gritos dados/ por los píos unionistas/ al mirarse derrotados/ en sus caprichos velados/ ante los coalicionistas,/ que la gente no se atreve/ a salir ya de su casa/ y se pregunta: ¿qué pasa?/ aunque yo creo que debe/ ser todo una pura guasa./ En fin, que me ha disgustado/ lo que está pasando en ésa/ y por eso no he bajado./ Diviértete y ten cuidado/ no te declaren francesa, que todo pasa al revés/ entre esta gente tan seria/ y dicen que español es/ el que ha nacido francés./ Tu compañera, Quiteria».

Aquel 22 de mayo, que fue domingo, se registró un galernazo y el cielo estuvo cubierto de negros nubarrones, lo que no quitó animación a la fiesta. Desde las 11 sonó el tamboril. Por la tarde hubo ¡cómo no! los tradicionales bueyes.

A las 6, las nubes se encargaron de dispersar a la gente que danzaba, que se replegó hacia el portal del muelle donde se había levantado un altar a las santas, adornado con flores. Por la noche, hubo música, pero no en la calle Campanario, sino en los soportales de la Jarana, donde una sección de la banda de música dirigida por el maestro Galatas ejecutó bailables. Y la fiesta siguió hasta las 11 de la noche.


R.M.


martes, 28 de abril de 2015

VIEJOS RECUERDOS

UN cronista donostiarra, Vicente Laffitte que cada semana se asomaba al periódico "El Pueblo Vasco", evocaba un día viejos recuerdos de sus años infantiles, hacia 1860. Nos hablaba de la procesión del Corpus.En Santa María se congregaba el clero de las dos parroquias unidas (Santa María y San Vicente) y todos convergían a una sola procesión, dándole mayor realce. De niño, el cronista asistía a ella con el colegio llamado de los "gallegos", de los hermanos Espina, y el campeonato lo ganaba aquel que llevase la vela mejor rizada.

Ya mayorcito, acudía a presenciarla desde un balcón de la calle Mayor, en la casa en la que entonces estaba la carpintería de Javier Olasagasti, y su moradora, doña Elena, colocaba al pie de sus balcones un lindo altar engalanado de tapices y alfombras.

Cestas de rosas se vertían sobre el palio y "los que acudíamos a casa de doña Elena éramos obsequiados con unas riquísimas fresas bañadas en crema y un jerez aromático".

Después de la procesión, la gente iba al Hornabeque (más o menos el actual Boulevard), que era el paseo de moda, donde hasta la una tocaba la música del regimiento de la guarnición. Aquel día se vestía por primera vez en la temporada el pantalón blanco y se lucía el sombrero de paja.

Este paseo del Hornabeque era un edén, según el cronista, y se hallaba situado tras la Puerta de Tierra y el puente levadizo, en el cruce de las dos avanzadas que por la derecha salían a la carretera de Madrid y por la izquierda a la de Francia. "De una a otra avanzada había grandes fosos y una fuerte empalizada que servía para resguardar las fortificaciones exteriores; y éstas, a su vez, para proteger y cubrir las murallas principales. Dentro de este recinto, que ocupaba una gran extensión, hallábase el Hornabeque, compuesto de dos medios baluartes y el hermoso paseo poblado de grandes árboles, alguno de los cuales, como el tilo y la acacia, producían aromáticos perfumes".

Si el Hornabeque cambió totalmente y pasó a mejor vida, la Parte Vieja también fue cambiando. En el barrio de la Jarana todas las transacciones se en vascuence y en vascuence se vociferaba la subasta y venta de la mercancía al por menor. Ya no se oye, escribía, la imprescindible filarmónica del pescador. Los aprendices de pescadores han cambiado el marro por el fútbol. A las traineras sin cubiertas, llamadas ataudes flotantes, le sucedieron los vaporcitos.

Todavía se ven jóvenes en Cai-arriba componiendo las redes y , de vez en cuando, amañado en una tina, con mezcla de sal y hielo, pescado para su exportación.

R.M. (DV)

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