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jueves, 8 de septiembre de 2022

LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN DEL CORO

 


La coronación de la Virgen del Coro


Por un breve del Papa Pio XII se declaraba a Nuestra Señora del Coro patrona de la ciudad de San Sebastián. Al saberse la noticia, la devoción donostiarra a la Virgen se materializó en las joyas que regalaron, encargándose el joyero Echeverria de hacer la corona. En realidad no se trataba solamente de una corona sino de un tesoro de joyas para el adorno total de la imagen.

La corona de la Virgen, de oro y platino, tenia 389 brillantes y 368 diamantes. Del interior de la corona colgaba un gran brillante La aureola era de platino y oro y en sus ráfagas grandes llevaba 315 brillantes y en las dobles ráfagas pequeñas 588 diamantes.

La corona del Niño tenia una perla fina colgando del interior sobre el platino y oro llevaba 93 brillantes. La mascarilla que llevaba la Virgen aureolándola el rostro era un encaje de platino y oro con 80 brillantes y 78 diamantes. La gargantilla era de dos filas de perlas y una de brillantes en el centro. Como fleco, llevaba filas de brillantes y perlas haciendo juego: en total 65 brillantes y 64 perlas. Había también un colgante o pendentif de tres filas, con 9 esmeraldas y 146 brillantes. Colgaban entre ellos varias lágrimas de la misma piedra. Las letras de la leyenda «A Nuestra Señora del Coro» eran de oro y platino y llevaban montadas 146 brillantes.

El valor total de aquella joya rondaria el medio millón de pesetas.

La solemne coronación de Nuestra Señora del Coro tuvo lugar el domingo 8 de setiembre. de 1940. Los actos fueron presididos por el Caudillo que asistió acompañado de su esposa, el ministro de Agricultura señor Benjumea, el capitán general de la VI Región, general López Pinto, el alcalde don Antonio Pagoaga, gobernador militar coronel Becerra, gobernador civil don Gerardo Caballero, presidente de la Diputación y jefe provincial del Movimiento don Elias Querejeta, Nuncio de Su Santidad Monseñor Cicognani y los obispos de Vitoria, Santander y Pamplona.

A las 9 de la mañana, el obispo de Vitoria monseñor Lauzurica, ofició una misa y los orfeones de San Sebastián, Vitoria, Pamplona y Bilbao bajo la dirección de Juan Gorostidi interpretaron la de Licinio Réffice. En el ofertorio, el baritono Marcos Redondo cantó un Ave María.

Al terminar la misa tuvo lugar la ofrenda de un manto a la Virgen, manto que llevaba bordado en oro el escudo nacional. Acto seguido, la imagen de Nuestra Señora del Coro fue descendida de su camarin al altar mayor y alli el obispo de Vitoria, como delegado extraordinario de S.S. Pio XII dio lectura al breve Pontificio en el que se declaraba solemnemente Patrona de San Sebastián. a Nuestra Señora del Coro. Luego colocó sobre la cabeza de la imagen la corona, retirándose entonces Franco y su séquito.

Momentos después, la imagen de la Virgen fue llevada en procesión a la Casa Consistorial, siendo colocada en un altar en el balcón principal del edificio. El alcalde y el obispo dirigieron unas palabras a la gente que abarrotaba la plaza y un grupo de muchachos bailó una danza de honor ante la imagen que seguidamente fue devuelta a la iglesia de Santa Maria. En el templo, el alcalde leyó la consagración de la ciudad a la Virgen del Coro e hizo la ofrenda de un cirio que arderia durante todo el año ante la imagen. Por la tarde se rezó un rosario y hubo procesión por el interior del templo.


8 septiembe 90 KOXKAS R.M.


MILAGROS DE N.S.DEL CORO

 Milagros de N.S. del Coro


Es muy antigua la devoción de los donostiarras a la Virgen del Coro, la que oficialmente es la Patrona de San Sebastián según un breve Pontificio de Pio XII, de 1940. Se entremezclan las leyendas sobre esta milagrosa imagen y viejos papeles nos hablan de intervenciones de Nuestra Señora en calamidades que padeció a través de los años nuestro pueblo

El más antiguo documento sobre la devoción a la Virgen del Coro y su intervención en un incendio, se halla en el libro de visitas de la parroquia de San Vicente, libro que pudo ser salvado del saqueo de la ciudad en 1813. Dice textualmente el documento:

«La noche de San Vicente santo y mártir, 22 de enero de 1738, prendió fuego desde la cabaña una casa de dicha Plaza Nueva por parte de la acera que caia hacia la calle de Bilbao; cebose el fuego en la inmediata y para apagar el fuego derribaron dos casas. Viendo yo el incendio tan grande, llevé el Viril con el Santísimo Sacramento, alumbrándome únicamente don José de Burga y después que estuvimos en la plaza debajo del soportal de la testera de dicha plaza, rezando varias imprecaciones y echando la bendición con el Santisimo y lo mismo hice por la dicha calle de Juan de Bilbao, volvile a la iglesia de San Vicente, desde donde llevé. Después se llevó la Santisima Virgen de Nuestra Señora del Coro, que la tuvimos en la casa del Consistorio ambos vicarios, varios sacerdotes y religiosos. Cuando empezó a perder voracidad el fuego, la llevó su vicario a la iglesia de Santa Teresa, a donde cantaron la letania mayor y otras deprecaciones y se cantó la misa de Nuestra Señora, por ser ya la mañana del 23 de dicho mes. Y para que conste, lo firmo en San Sebastián a 31 de diciembre de 1739. Manuel Antonio de Iriarte”

Si la imagen de Nuestra Señora del Coro fue restituida a la iglesia de Santa Teresa fue porque allí se hallaba, ya que la parroquia de Santa María quedó bastante dañada a consecuencia de la explosión del Castillo el 7 de diciembre de 1688 y mientras se llevaban a cabo las obras de restauración, que fueron pagadas por la Real Compañía Guipúzcoana de Caracas, realizadas entre 1743 y 1768, la imagen de la Virgen estaba en el convento carmelitano de Santa Teresa.

A esta salida de Nuestra Señora referida en el viejo documento, se refiere el cronista e historiador don Serapio Múgica en su libro Curiosidades históricas de San Sebastián», describiendo con más detalle la milagrosa intervención de la Señora.

De pronto, todos los trabajos (de extinción del fuego) quedaron suspendidos, prosternàndose de rodillas los concurrentes.

Era que a la luz de aquella inmensa hoguera hacia su aparición por un lado de la plaza la Virgen del Coro, conducida en procesión a la Casa Concejil por el Vicario de Santa Maria don Pedro Manuel Echeverria.

Convertida la plaza en templo, cuya bóbeda era el cielo y alumbrados a la vez, postráronse de hinojos todos los presentes ante aquella santa imagen, de quien en los momentos de peligro esperaban todos los hijos de San Sebastián y orando en voz alta impetraban su intervención para que el cielo se apiadara de sus males. A los primeros ruegos cayó un fuerte aguacero que mojando los tejados disminuyó grandemente el peligro de que se propagase el incendio y se confesó por todos los concurrentes que a la llegada de esta Reina de los Angeles se advirtieron muestras evidentes de mitigarse el volcán».


R.M. - 8 septembe 89 KOXKAS


NRA.SRA.DEL CORO


Ntra. Sra. del Coro

En el archivo parroquial de Santa María existe una fotografia de un grabado sobre acero de finales del siglo XVIII que representa a Nuestra Señora del Coro con una inscripción que dice que cuando la toma de San Sebastián por las tropas francesas que mandaba el general Moncey, la efigie fue salvada por el vicario de Santa María, reverendo don Miguel Antonio de Remón, embarcándola el 2 de agosto de 1794 en una lancha camino de Guetaria. Agrega la nota que «se levantó una repentina y horrible tempestad que sumergió otra lancha y se ahogaron treinta personas, impidiendo al vicario llegar al puerto de Guetaria, pero atravesando con dificultad la peligrosa barra de Orio y contando este prodigio entre los continuos que se experimentan de la santa imagen, llegó con ella el vicario a Madrid».
La imagen, en Madrid, fue dibujada y grabada por Josef Ximeno, de la Real Academia de Bellas Artes y San Fernando. La nota agrega que Su Santidad Benedicto XIII concedió siete años y otras tantas cuarentenas de indulgencias perpetuas a todos los sacerdotes que celebrasen misa en el altar de esta imagen y a los que las oyeran, teniendo la Bula de la Santa Cruzada (25 de abril de 1795). Parece ser que la imagen fue devuelta a San Sebastián ese mismo año
Durante la guerra de la Independencia, la imagen fue llevada a la Puerta de Tierra «para librar acaso la ciudad de la toma de los enemigos», según don Serapio Múgica y el 15 de agosto. de 1815, fue trasladada procesionalmente a la iglesia de Santa María. Durante la primera guerra carlista, al convertirse en almacén y parque esta parroquia, estuvo en sitio seguro custodiada por los pocos religiosos carmelitas que aquí quedaron. Hasta esa fecha, la Virgen del Coro era llevada en procesión por las calles donostiarras el 8 de setiembre, después de la misa solemne que se celebraba en Santa María, recorriendo las calles. Mayor, Lechuga (hoy Embeltrán), Narrica y Trinidad (hoy 31 de Agosto). En la octava de la Inmaculada la procesión con la imagen recorría el interior del templo en conmemoración del trágico suceso del 7 de diciembre de 1688. El altar de Nuestra Señora se iluminaba desde la víspera de la Asunción hasta el 16 de agosto, después de la procesión de San Roque.

En las grandes calamidades públicas, se la sacaba en procesión. Así en 1855, cuando el azote del cólera morbo, la procesión contó con la asistencia de casi todo el vecindario, y pese a la intensa lluvia que caía nadie abandonó su puesto.
Existe un folleto en cuya portada puede leerse: «Sacro Novenario de la milagrosa imagen de Nuestra Señora del Coro, que se venera en la iglesia mayor de la M.N. y M.L. ciudad de San Sebastián. Su autor: el R.P. Fray Antonio de Alquiza, Lector de Teología en el Convento de Nuestro Padre San Francisco de la villa de Tolosa. Con Licencia. En San Sebastián: en la imprenta de Ignacio Ramón Baroja. Año de 1819». En una «Advertencia>> puede leerse la recomendación que se inicie la novena el viernes para terminarla el sábado siguiente, «día dedicado a María Šantisima», la de ayunar ese día y dar una limosna si se pudiere a una mujer y un niño, «en obsequio del Niño-Dios en brazos de Su Majestad Purísima>>.
R.M. - KOXKAS 6-9-85


lunes, 27 de abril de 2015

UN INCENDIO

MUCHOS han sido los incendios que a través de los años ha sufrido San Sebastián, quedando tras algunos de ellos medio destruido el caserío. Del registrado en la madrugada del 23 de Enero de 1738 hay cumplida información, pues un acta del Ayuntamiento da detallada cuenta del mismo.

El incendio comenzó en la casa número 4 de la Plaza Nueva (hoy Constitución) y era tan violento que inmediatamente cundió la alarma entre el vecindario. Las campanas de Santa María y San Vicente pusieron en pie a la gente. El incendio pronto llegó a los altos de la casa llevando el espanto a todas partes por el peligro de extenderse a otras calles. Se colgaron faroles en las ventanas de las casas para que los que fueran a apagar el fuego pusiesen maniobrar mejor y se eligieron a varios vecinos para que cuidasen de que los bueyerizos en barricas y tinajas y las mozas en herradas y cestas llevasen agua y arena, y de que se sacasen las grasas y aceites que había en algunas casas de la calle Juan de Bilbao.

Abriéronse las puertas de Tierra y del Muelle, hecho casi nunca visto, para que entrase la gente del barrio de San Martín, de los caseríos extramurales y de los navíos surtos en el muelle. El gobernador puso a toda la guarnición sobre las armas para que con sus hachas y picos ayudasen a los carpinteros a las demoliciones.

De pronto se suspendieron los trabajos, al bullicio sucedió un gran silencio sólo interrumpido por el ruido de las llamas y el estrépito de los materiales que se derrumbaban, y todos se postraron de rodillas. Era que aparecía la Virgen del Coro conducida en procesión a la casa concejil por el vicario de Santa María don Pedro Manuel de Echeverría.

Convertida la plaza en templo cuya bóveda era el cielo y alumbrados por las llamas de dos casas que ardían, todos de hinojos oraban ante la imagen. Poco después descargó un aguacero que mojando los tejados disminuyó el temor de que el fuego se propagase. Luego la imagen fue llevada a la iglesia de las Carmelitas. Minutos más tarde aparecía en la plaza el Santísimo Sacramento conducido por el vicario de San Vicente don Manuel Antonio de Iriarte, acompañado por los religiosos de San Telmo y del Colegio de la Compañía de Jesús.

A las seis de la mañana dos casas habían desaparecido pasto del fuego, siendo derribadas las tres inmediatas.

El Ayuntamiento distribuyó pan, vino y queso a los que trabajaron para apagar el incendio y acordó pagar el gasto de hachas, ceras, velas de sebo, barricadas, farolillos, etcétera.

R.M. - (DV- 26-01-1997)

miércoles, 13 de marzo de 2013

Don Agustín Embil

En 1917 fue nombrado párroco de Santa María y hasta 1937 ejerció su cargo. Era don Agustín Embil Lazcano, nacido en Guetaria en 1874, quien por una providencia especialísima de la Santísima Virgen recibió las aguas bautismales en la parroquia de Santa María, bajo las maternales miradas de la imagen de Nuestra Señora del Coro, presagio venturoso de su apostolado futuro.
Hombre de aspecto venerable, de carácter bondadoso y acogedor, no conoció jamás la falsedad ni la mentira. Fue piadoso y deboto, organizó durante sus veinte años de párroco en Santa María el ejercicio solemne del Vía Crucis cantado, restableciendo la tradicional  costumbre de esta devoción camino de Urgull.
También restauró la capilla del Cristo de la Paz y Paciencia, y tuvo siempre el pensamiento de levantar en Urgull una imagen de Cristo extendiendo sus brazos redentores sobre la ciudad, que fue realidad unos cuantos años después de su muerte. 
Fue verdadero apóstol de la devoción a la Virgen del Coro. Predicó con  palabra fácil su devoción a la Virgen y hasta en la hora de su muerte dio testimonio de ella pidiendo a los que le rodeaban que le llevasen al Camarín.
Quiso la Virgen premiarle en vida visitándole, cuando enfermo y retirado, se hallaba en Zumaya, pues viendo el sacerdote don Alfonso Tejada el peligro que corría la imagen de Nuestra Señora del Coro durante la dominación marxista en los primeros días de la guerra civil, la trasladó a la casa de Zumaya donde residía don Agustín: el fue su custodio y Ella su mayor lenitivo.
Murió en la tarde del 4 de enero de 1937 teniendo extendido sobre su cuerpo agonizante el manto blanco de Nuestra Señora, como símbolo de una vida pura.
Su despacho parroquial se convirtió en capilla ardiente. Allí estaba el cadáver  de don Agustín revestido con casulla morada, teniendo en las manos un cáliz, cubiertos los pies por un paño de tisú.
En el testero de la habitación se había colocado un crucifijo de gran tamaño sobre paños negros. Monjas de varios conventos le velaban. En un altar portátil se dijeron al día siguiente varias misas.
El miércoles, día 6, en el atrio de la iglesia fue recibido el cadáver por el clero parroquial mientras las campanas doblaban a muerto y el Orfeón entonó un reposo organizándose un fúnebre cortejo camino de Polloe.
El duelo lo presidían las autoridades locales. San Sebastián acompañó a don Agustín  al cementerio. Los funerales se celebraron el 7 de enero.

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