jueves, 1 de octubre de 2026

Lo que vió Jovellanos

 En aquel viaje de 1791, tras llegar a San Sebastián Gaspar Melchor de Jovellanos visitó otros pueblos de Guipúzcoa. Pero antes de partir a pie hasta la puerta de Tierra, visita a M. Cabarris en su quinta: Buen hombre, buena mujer, seis hijas feas, bien criadas; su hijo, empleado en la Compañía de Filipinas, residente en Pasajes. Visita a los marqueses de Rocaverde, ella Mazarredo, pudiendo estar más expresivos. Al caballo de Jovellanos le sacaron un clavo, pero continuó viaje hasta Hernani donde fue a ver la iglesia. Retablo de arquitectura, esculturas muy medianas; en el presbiterio, al lado del Evangelio, la sepultura del célebre Juan de Urbieta, que prendió a Francisco I de Francia en Pavía: inscripción en lienzo que copiara el beneficiario, con la cédula de Carlos V, en la que concedió el blasón y acaso el testamento y otras memorias,

Con referencia a Juan de Urbieta, expresa Jovellarios haberle mostrado en Madrid doña maría de Alzaraizaga, viuda del capitán Sebastián de Urbieta, la certificación que decía así: “Francisco, por la gracia de Dios rey de Francia. Hacemos saber a todos aquellos a quien tocare, que Juan de Urbieta, del señor don Hugo Moncada, fue de los primeros que se hallaron en mí riesgo cuando fuimos preso delante de Pavía, y nos ayudó con todo su poder a salvar la vida, en que le estamos en obligación, y entonces nos pidió diésemos libertad a dicho señor Hugo, su amo, nuestro prisionero, y porque esto es verdad dimos firmada la presente de nuestra mano. En Piquetón, a cuatro días del mes de marzo de 1525. Francisco”.

Describe luego la iglesia, digna de ser catedral y el pa seo con bellísima arboleda de altas hayas tras la iglesia, el juego de pelota, la plaza y la vega, a la espalda del pueblo. Dice que los hombres que iban al mercado de Tolosa vestían camisa hien limpia, calzón de lienzo o paño, justillo sin mangas, de bayeta o de estameña, una chamarreta con ella al hombro, nunca puesta, albarcas o alpargatas con peales de márraga negra con listas blancas o al contrario, en la cabeza, sombrero o montera achatada en lo alto, algunos con gorra flamenca, tegida, resto de los antiguos bonetes.

Las mujeres con justillo, en mangas de camisa, medio pañuelo al pecho (que es por lo común escaso), saya de bayeta o lienzo pintado, mandil de telilla del Bearn negra y encarnada, a cuadros, de graciosa vista en la cabeza, pañuelo blanco extrañamente atado. Son de regular estatura, algunas muy altas, ágiles y limpias. aunque no me parecen serlo tanto como las vizcaínas.

(02.10.1996)


La Batalla de Beotibar

 EN un estrecho valle de Guipúzcoa, con caseríos y aldeas pequeñísimas por donde corre un torrente nacido en los manantiales de Urio y Elosua, donde se alzan las villas de Ibarra, Elduayen. Berrobi, Belaunza y Berástegui, allí está Beotibar, un punto donde se desarrolló un capítulo de la historia de nuestra tierra. Allí tuvo lugar hace seis siglos una batalla sobre la que han llegado hasta nosotros noticias confusas, contradictorias, que pese a las investigaciones llevadas a cabo por historiadores de nuestro tiempo, no se han podido aclarar

La batalla tuvo lugar a un tiro de mosquete de esta villa de Berástegui, camino de Navarra, como escribió Henao en sus 'Antigüedades de Cantabria'. Fue en septiembre de 1321 entre navarros y guipuzcoanos, pero no se sabe el número aproximado de los que combatieron en aquella batalla. Algunos afirman que eran ochenta mil los que formaban el ejército franco-navarro que venía a conquistar Guipúzcoa, teniendo enfrente solamente a ochocientos guipuzcoanos. Pero ¿cómo un número tan reducido de combatientes guipuzcoanos pudo vencer a tan crecido ejército como era el invasor, al que causaron nueve mil muertos, logrando un botín valorado en cien mil libras?

Un autor de aquellos días, coetáneo del rey Alfonso el de las Navas y de la batalla de Beotibar, que no era ni navarro ni guipuzcoano, sino gallego, Rodrigo Yañez, en su "Poema de Alfonso VIII de Castilla" escribe sobre aquella legendaria lucha: Navarros e su campaña, con muy muy gran poder entraron/ por tierra de la montaña/ Amenazando (a) los cas-tellanos/ que todos serían muertos./ Supieronlo (los) lepuzcoanos/e tomaron los puestos./Con los de la montaña/ todos fueron ayuntados./ Asaz poca compaña/ todos apeonados

Los invasores entraron según el poeta «con muy gran poder, y se encontraron con un enemigo reducido, asaz poca compaña, gente de a pie, todos apenoados. Los guipuzcoanos con calderos llenos de piedras hicieron frente a la invasión, deteniendo al enemigo y haciéndolo huir Las calderas que tuvian/ con sogas ataron./De piedra las henchian/ e del monte las echaron-

Lo importante de la batalla fue las posiciones que ocupaban los guipuzcoanos: eran dueños de las montañas y las piedras y las calderas las arrojaban desde lo alto. Los que apoyaban estos datos fueron criticados. Arturo Campión califica de turbio historiador al bachiller Zaldivia, cuyo libro 'Suma de las cosas cantábricas y guipuzcoanas, el más antiguo libro de historia de nuestra provincia, escrito en el siglo XVI. relata la batalla de Beotibar ¿Cuál fue el dato auténtico?

(01.10.1999)

El viaje de Jovellanos

 Gaspar Melchor de Jovellanos, el escritor y político famoso, en sus Memorias íntimas, comprendidas de 1791 a 1801, se refiere al viaje que hizo a Guipúzcoa en agosto de 1791 y en ellas escribe sobre San Sebastián.

De la iglesia de Santa María dice que posee una pésima arquitectura en la portada, buen retablo mayor y colaterales, por dibujos de don Ventura, aunque el primero sobre un plano semicircular, y los otros interrumpido el cornisamento, mal escultura a excepción de una medalla de San Pío Papa; buenos y completos pasos de la Pasión en que hay figura de mucho mérito de la escuela de Hernández, pero que igualan. no le

Se refiere a dos casas de los Valencegui, «una del tiempo de Carlos V de mucha y buena escultura, inscripción en letra alemana que dice: Juan Martínez de Oyenarte, hijo de esta casa, año 1536'.

La otra de buena y seria arquitectura, aunque cortados por arriba los frontoncillos de las ventanas y con el defecto de tener sobre pedestales las columnas del primer cuerpo que resultan mezquinas sobre embarazar la calle.

En general buen caserío, indicio de mucha riqueza; las iglesias son como catedrales».

El convento de San Telmo es como una ciudad colocada al pie del monte en que está el castillo; grande iglesia gótica de una nave pero sobre columnas colosales, como otras de este país; buena escalera y claustro gracioso por el gusto de Carlos V, pero sin esculturas y tanto mejor. Bellísima plaza cuadrilonga la Plaza Nueva, sin ornato pero muy limpia, bien empedrada, uniforme de tres altos sin contar los soportales y con cuatro. entradas; al frente, la Casa pública en lo principal de la ciudad, y arriba el Consulado, la sala de éste adornada de estucos, es magnífica; mala fachada pero grandiosa".

Visita al Castillo, vista de la sublime peña sobre la que está fundada la parte del mar, de la costa de Francia, de la playa de Oriente: puente de madera en ella y hermosa campiña (...).

El puerto de San Sebastián tiene una entrada franquísima y sin barra, mas su concha no tiene fondo, por mejor dicho no la hay.

Las embarcaciones grandes corren en ella mucho riesgo y no caben en su dársena que es seca, estrecha y de mala forma, porque tiene dos se nos

Pero Jovellanos, en aquel viaje no sólo visitó San Sebastián sino también Guipúzcoa y, como veremos mañana. describe el paisaje y a sus gentes.

(01.10.1996)

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