Tras las lluvias
LLUEVE aquí con frecuencia. Llueve con viento huracanado, con granizo, entre truenos, Otras veces suavemente, el clásico sirimiri. Nada como las lluvias del Cantábrico, en las que suele abundar el viento, el granizo, los rayos... Esto escribía José María Salaverría, quien afirmaba que si blando fuese el clima, ¿tendría esta región forma agreste de baluarte donde todas las invasiones han venido? De la dureza del ambiente ha provenido la dureza de la raza; y es bien indudable que nuestras luchas de la vida requieren duro temple.
Se ha hecho dura la raza e indomable, pétreo el suelo, negra la selva, surcada la región de hinchadas corcovas que los barrancos rayan profundamente; el habitante ha debido endurecerse a golpes de la lluvia y su viento implacables.
En las llanuras tropicales se ven vagar bajo un cielo espléndido, hombres mansos que la anemia consume sin convulsiones. Y en esas llanuras recien tes, ofrecidas como un festin de colores a la felicidad, es donde los mayores tiranos han podido imperar Hasta las religiones de ese Oriente enervado, desde Buda a Mahoma, son ritos de renunciación, de esclavitud y de blando sacrificio. No así los dioses germanos, enamorados de las selváticas walkirias, ni aquel Odin escandinavo, jinete en su caballo de ocho patas, corriendo con su lanza entre los sombríos abetos de la selva inacabable.
Pero cuando aquí cesa la lluvia, cuando la ciudad deja de chorrear agua, de gotear los aleros de las casas, cuando en los jardines se ven las flores que resistieron a la tempestad, surge nuevamente el plácido otoño, se ofrecen los paseos con sus galas, amarillean las hojas y un tinte melancólico envuelve las colinas y el río muestra sus aguas transparentes. Es el momento de darse un paseo hacia Loyola.
Entre el paseo y el río hay un alto muro; el río por medio de ingeniosas presas, es más ancho y más hondo; sobre la ladera hay chalets. Desde esa cornisa se contemplan las montañas de Navarra, la sierra de Aralar... Y en el llano, al pie de la cornisa, un gran parque con alamedas extensas, con estar ques amplios, con plazoletas donde algunas estatuas, motivos blancos de la mitología, sirven de meta a los jinetes, aurigas y automóviles
Como no siempre llueve, como el otoño guarda en este pais agradables sorpresas, se ve una campiña animada, feliz y laboriosa, teñida de ese tinte amarillo que convida a la nostalgia.
José María Salaverría escogió el paseo hacia el barrio de Loyola, pero hay otros muchos en torno a la ciudad de San Sebastián y más allá de sus alrededores para disfrutar de la naturaleza y soñar....
(05.10.2000)