Curiosidades
R.M.
UNA de las villas más bonitas de San Sebastián, que gozaban de una situación privilegiada, era Villa Barcaiztegui. Se encontraba en Miraconcha, la última subiendo al Palacio de Miramar, a un tiro de piedra de éste.
Esta espléndida posesión perteneció a los condes de Llobregat, después la familia catalana de Gener-Vidal y luego a doña Teresa Barcaiztegui de Zappino
El marqués de Caviades, Angulo de apellido, al llegar la fiesta de Santa Isabel de Hungría, quiso hacerle un obsequio a su esposa y la compró por 550.000 pesetas. La marquesa rebosaba satisfacción aquellos días de 1927, ante tan precioso regalo.
Aquella villa había sido residencia del embajador de Egipto en 1925 y en 1926 del embajador de Italia. El arquitecto don Francisco Urcola hizo una serie de reformas en la casa y allí se fueron a vivir los marqueses de Caviedes. Esta villa fue derribada hace unos años y sustituida por otra.
Unos días después de esta compra, Villa Zinza, situada en Ategorrieta, perteneciente a la familia Dotres, la adquiría el opulento noble francés conde de Labry por la cantidad de 450.000 pesetas. En esta villa estuvo alojado el mariscal Petain cuando era embajador de Francia en España, en 1939.
En 1902 la noticia fue una boda: la bailarina española Anita Delgado, que había actuado en San Sebastián, estaba bailando en un café de Madrid.
A la boda de Alfonso XIII y la princesa. Victoria Eugenia, vino el maharajá de Kapurtala, la vio actuar, se enamoró de ella y se casaron
¡Una bailarina malagueña. casada con el maharajá!
Veinticinco años después llegaron sus bodas de plata matrimoniales y en Allanabad las celebraron por todo lo alto. Al banquete asistieron dos mil invitados, muchos lores y representantes de las grandes potencias
Y otra noticia de sociedad de aquellos días otoñales de 1927: la muerte del sultán de Marruecos, Muley Yusef. Dejaba ¡trescientas viudas!
Un cronista comentaba que repartida asi la viudez entre tantas, les ha de tocar a poco el sentimiento del amado esposo desaparecido, como en vida de éste les tocaria igualmente a poco el amor.
Probablemente el Sultán fallecido no conocería ni de vista a muchas de sus esposas, pero no por eso dejaban de ser esposas, lo que les permite vanagloriarse de no haber quedado solteras y abura, en su viudez, pueden recordar con la misma emoción sentimental al marido y hasta tendrán derecho para hacer imprimir en sus tarjetas de visita el añadido de 'viuda de Muley Yusef.
(03.10.1997)
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