Curiosidades de 1904
EN 1904 las ferias se instalaban en el paseo de los Fueros y allí acudía la gente a pasar unos ratos entretenidos. El domingo 25 de septiembre de aquel año los donostiarras invadieron el recinto ferial. Así lo registraba el periódico al día siguiente: Desde las tres de la tarde en que se pusieron en movimiento los carrouseles, empezaron a correr las cintas de los cinematógrafos y los ruidosos órganos lanzaron su trompetería a todo viento, has ta hien contadas las once y media de la noche, no cesa el movimiento.
La multitud hacía cola en las taquillas demandando localidades y la montaña rusa dio vueltas incontables y la murga sevillana no encontró ya coplas nuevas que cantar a los concurrentes de Olimpia y el hombre gordo y los de los churros y todos en una palabra debieron quedar archissatisfechos del resultado del día y de la noche de ayer en las ferias, aunque la roche convidaba ya a comer las castañas asadas al amor de la chimenea
Otra noticia de dos días antes: el gobernador civil remitió el 23 de septiembre a los alcaldes de los pueblos de la provincia diversas cantidades de dinero destinadas a los pobres de las respectivas localidades. Albiztur, Alegria, Alquiza, Alza, Anoeta, Arama, Astigarraga, Beizama, Berrobi, Cerain, C zurquil, Elduayen, Ezquioga, Gainza, Gaviria, Gaztelu, Go yaz, Hernialde, Ibarra, Icazteguieta, Ichaso, Idiazabal, Irura, Isasondo, Larraul, Lazcano, Leaburu, Legorreta, Lizarza, Mutiloa, Olaverría, Oreja, Orendain, Régil, Salinas, Segura, Urnieta, Usurbil, Vidania y Zaldivia, veinticinco pesetas cada pueblo. Donde más dinero envió fue al alcalde de San Sebastián, 2.000 pesetas. Otras cantidades enviadas: Fuenterrabia, 100, igual que Mondragón, Zarauz, Deva y Elgoibar. Doscientas a Eibar e Irún, 300 a Tolosa y 500 a Vergara
Una noticia triste de aquel mes de septiembre la muerte de Leonardo Brucheton y Muguruza. Era un donostiarra, uno de aquellos erriko-shemes que pertenecía al San Sebastián de murallas, a aquella época feliz y característica en toda la vecindad donostiarra unida por estrechos vínculos de la más sincera amistad.
En su mejor edad se marchó a París y entre las personas que se dedicaban a los grandes negocios e importantes empresas, el nombre de Brucheton era una verdadera garantía. Siempre demostró el gran amor que sentía por su tierra y por su milenaria lengua y en el certamen literario que celebró el Consistorio de Juegos Florales euskaros en San Sebastián en el año de 1882 concedió Leonardo-Brucheton un espléndido premio