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lunes, 5 de octubre de 2026

COSAS CURIOSAS

 


COSAS CURIOSAS

En el otoño de 1963 hubo restricciones eléctricas cheverisimas, con el consiguiente oscurecimiento de escaparates y calles, que le daban a la ciudad un aire muy antiguo o una fisonomía nueva, la de las ciudades en guerra del inmediato pasado, oscurecidas, camufladas en la noche a los ataques de la aviación. Lo comentaba el periódico donostiarra La Voz de España del 20 de noviembre:

«Sería cosa de ir pensando, como han hecho en no se que pueblo de Navarra, en la resurrección de la costumbre antigua del sereno con chuzo, farol, hora y oración en la densa tiniebla de la primera madrugada o en el alba-cielo sucio-de maitines.

Lejos, al otro lado de la ria, el pitido triste de una locomotora de vapor, muy siglo XIX. Un pitido que, a veces, según la dirección del viento y del grado de humedad, se expande y llena todos los ámbitos vacíos y desiertos de la ciudad nocturna: soportales, verjas desoladas de edificios públicos y bancarios -sin un latido humano detrás, cornisas, ventanas de casas desiertas en invierno, franqueadas por el viento, la herrumbre y el verdín.....

Uno imagina que ese gemido es, más que mecánico, casi el clamor de una bestia antidiluviana que la industria hubiera tenido que volver a crear, para sustituir la tracción de diplodocus Y que no puede pasar el ras de la tierra, ni menos ascender hasta la oquedad de los campanarios, que a esta hora transparentan un cielo desnudo y hacen resonar un cósmico, casi perceptible, eco de las estrellas. La claridad eventual del cielo y una esfera de reloj son la única iluminación perceptible. El alumbrado municipal, de tan cotidiano, se olvida y no consigue traspasar las lunas de los escaparates; en ellos, los objetos parecen fríos, desolados, inertes, casi mercancía de sórdidos traperos».

La estatua del almirante Oquendo, situada en la plaza entre el teatro Victoria Eugenia y el hotel Maria Cristina, fue obra del escultor Marcial Aguirre. Debía ser de mármol de Carrara de primera calidad. Las necesidades eran 73.000 pesetas y la comisión municipal encargada de la obra sólo disponía de 42.000. El Gobierno cedió 5.000 kilos de bronce en piezas de artillería. Hubo inconvenientes para que la estatua estuviera terminada el día de la inauguración del pedestal. El Ayuntamiento acordó colocar si no la estatua definitiva, una imitación en bronce.

El 12 de septiembre de 1894, aniversario de la batalla que Oquendo ganó a los holandeses, se celebró la inauguración con asistencia de las personas reales. Hasta mayo del año siguien te no se colocó la estatua defi nitiva, que ahí sigue presidiendo uno de los lugares más bellos de San Sebastián.


(05.10.2002)


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