miércoles, 7 de octubre de 2026

Un grabado de la Virgen

 EL pueblo donostiarra siempre tuvo una gran veneración por Nuestra Señora del Coro, patrona de la ciudad. En épocas pasadas fue más cálida esa veneración. Cuando San Sebastián estaba encerrada en sus murallas, cuando registraba un intenso comercio con el Nuevo Continente y los barcos de la Real Compañía donostiarra de Caracas cruzaban constantemente el Atlántico en unas navegaciones que tanta riqueza aportaban y añadían una prosperidad que llegaba a todos los donostiarras, éstos acudían a postrarse ante la Virgen del Coro, lo mismo el anciano para alcanzar muerte santa, la madre joven para la curación de su enfermito, el piloto por su feliz navegación, según escribió el historiador Francisco López Alén.

Que venía tal príncipe, que llegaba tal o cuál monarca, éste o aquel personaje, ya se sabía, la primera visita a la Virgen del Coro, y reyes y magnates y próceres y hombres de fortuna, cedían a la imagen joyas valiosas.

Se cree que el Vicario Miguel Antonio de Remon se puso en contacto con un artista de categoría, Josef Ximeno, de la Real Academia de San Fernando y le encargó hiciera un grabado en cobre representando a la Virgen del Coro. El grabado se conserva y era un dibujo elaborado con mano maestra.

En medio de dos columnas jónicas y sirviendo de bóveda un arco, se halla la Virgen del Coro. Coronan la parte alta grupos de serafines, a los lados aparecen cuatro reyes sobre un árbol genealógico, en la base una cartela sostenida por dos ángeles y en el centro se puede leer lo siguiente:

-Retrato de la milagrosa Virgen de Nuestra Señora del Coro, que se venera en la parroquia de Santa María de la M.N. y M.L. ciudad de San Sebastián. Dibuxado y grabado en Madrid por un profesor acreditado teniendo a la vista la Santa Ymagen que a causa de la invasión de los franceses, embarcó consigo en una lancha del muelle de aquella ciudad D. Miguel Antonio de Remón, cura y vicario de la misma parroquia la tarde del 2 de agosto de 1794, en la que una repentina y terrible tempestad sumergió otra lancha ahogaron 30 personas e impidiendo al Vicario el llegar al Puerto de Guetaria, pero atravesando con felizidad la peligrosa Barra de Orio y contando este prodigio entre los continuos que se experimentan de la Santa Imagen, llegó con ella el Vicario a Madrid el 25 de abril de 95. La Santd. de Benedicto XIII concedió siete años y otras tantas cuarentenas de indulgencias perpetuamente a todos los sacerdotes que celebrasen misa en el altar de esta Santa Ymagen, y a los que la oyeren. Han de tener la Bula de la Sarıta Cruzada-.

(07.10.2000)


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