miércoles, 5 de octubre de 2022

EL ÚLTIMO ADIÓS A JOSE MARÍA USANDIZAGA

 El último adiós a José María Usandizaga


Se va apagando lentamente la vida de José María Usandizaga que rodeado de toda su familia espera tranquilo la última hora. Un testigo de excepción, el sacerdote don Victor Garitaonandía estuvo junto al compositor las ocho horas que precedieron al tránsito y contó después cómo se fueron desarrollando. La revista «Razón y Fe»> publicó este testimonio. Católico fervoroso, recibió el Santo Viático y los demás sacramentos con serenidad de ánimo. El mismo José María redactaba los telegramas que habían de dirigirse a sus amigos Después de oir la recomendación del alma, llamó a sus padres y hermanos y les dijo: «Adiós para siempre», a lo que su madre repuso: «¿Cómo para siempre? Hasta el cielo», diciendo el maestro: «Es verdad, madre mía, hasta el cielo». Y desde ese momento sólo pensó en su eterna salvación y en oír las exhortaciones de su confesor, el P. Martínez S.J., de don Víctor Garitaonandía y de don Esteban Lasa, párroco de Santa María. Le preguntó el médico cómo se hallaba y contestó que mal, agregando inmediatamente: «He dicho que mal, y no es verdad; quería decir que estaba conforme con la voluntad de Dios». Poco después, comprendiendo que había llegado el último momento dijo con toda la plenitud de sus facultades: «Ahora me voy». Fueron sus últimas palabras. Eran las tres de la madrugada del martes 5 de octubre de 1915. El maestro acababa de morir.

Los periódicos, por razones de la hora, solamente daban aquel día la escueta noticia, pero al siguiente dedicaban amplios y preferentes espacios a la muerte de Usandizaga, noticia que causó auténtico dolor en San Sebastián, como se puso de manifiesto en los funerales y en el entierro celebrados el miércoles día 6. La iglesia de Santa María estaba llena y tuvo que quedarse gente en la calle sin poder Centrar. En sitio preferente se hallaba, en representación de la Reina Madre doña María Cristina, el maestro Enrique Franco. Allí estaban los obispos de Ciudad Real y Vitoria, monseñores Irastorza y Melo, el maestro Jesús Guridi y todas las autoridades. Ofició la misa el reverendo don Eustaquio Andonegui y la capilla de la parroquia, reforzada por elementos del Orfeón Donostiarra, cantó la miša de Perossi y un «Dies irae» de Esnaola instrumentado por Usandizaga.

Después tuvo lugar el entierro. El féretro, sobre el que fue colocada la boina roja del Orfeón que usó el maestro, fue sacado a hombros de su casa por los señores Peña, Tutón, Aramburu, Gaitán de Ayala, Aranzadi y Olave. La comitiva la abrían los niños y ancianos de la Casa de

Misericord

ia, luego iba el clero parroquial con cruz alzada y el féretro que fue todo el rato llevado a hombros. Seguía la presidencia del duelo con todas las autoridades, varios coches con coronas y por último las bandas municipal, Iruchulo y La Armonía. Al llegar el féretro al Casino, la orquesta dirigida por el maestro Larrocha tocó un Andante obra del maestro mientras ocho empleados cubrían materialmente el féretro de flores. Se detuvo el cortejo en el Victoria Eugenia y la orquesta del teatro dirigida por el maestro Bellezza, interpretó el preludio del tercer acto de «Las Golondrinas» y al llegar al puente de Santa Catalina el Orfeón cantó el Ave María de «Mendi Mendiyan»>.

Así despidió San Sebastián a Usandizaga, el llorado José María.


R.M. KOXKAS 5-10-1985


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