lunes, 18 de marzo de 2013

ASTILLEROS EN CAY-ARRIBA

HUBO una época, hará cien años, que registró un gran desarrollo la construcción de pequeños barcos en el muelle de San Sebastián, concretamente en Cay-Arriba. Modestos constructores, sin arquitectos ni ingenieros, contando sólamente con su inteligencia y su amor al trabajo, hacían barcos que daban un magnífico resultado. Se construían con arreglo a la técnica moderna, montándose las cuadernas interiormente y haciéndose los remaches con el más ingenioso de los procedimien tos. Contaban aquellos talleres, aquellos astilleros en miniatura, con electricidad para fuerza, con calderas para cocer las maderas, con sierras mecánicas... Estamos hablando de 1902.
Aquel noviembre se terminó el Bigarrena, un airoso barco de corte elegante, que fue pintado de verde hasta la línea de flotación y de blanco el resto del barco hasta la obra muerta que ostentaba el color rojo. Eustaquio Andonegui estaba satisfecho de la obra realizada.
Fue botado el jueves 20 de noviembre de 1902. Los carpinteros que habían trabajado en el casco eran de Aguinaga y allí,y en Orio existía la superstición de que barco que se bota en viernes era desgraciado. Y a las seis de la tarde tuvo lugar la botadura. Allí estaba el constructor y en un rincon 'la mujer del constructo:r; con mantilla en la cabeza, rezando por el porvenir del barco, los socios, Antonio López y Compañía, los carpinteros dando martillazos, quitando cuñas, levantando topes, asegurando las dos paralelas por las cuales había de deslizarse, y muchos curiosos. No faltaban los muquizus ni el shelebre Antonio el Pashaitarra, institución del muelle en quien todo el mundo reconocía al gobernadar de la plaza marítima. Todo iluminado por la roja luz de unas hachas de viento, «cuyo humo envuelve como nube azulada el fantástico cuadro», escribió el cronista Angel María Castell, al que sigo en este relato.
Andonegui da unas cuantas vueltas al torniquete del gato que levanta la quilla por la parte de proa. El barco comienza a deslizarse sobre las dos vías de madera. Al llegar al agua se oyó un crujido de madera. Es una tabla puesta para amortiguar el golpe del barco en el último palmo de tierra. 
El Bigarrena levanta en su derredor el agua «que luego se extiende formando espuma, como pañuelo de encaje que recoge al recién nacido a la vida del mar». ¡Un barco más para la flota pesquera donostiarra!
Aquel pequeño astillero de Cay Arriba no podía compararse con otros que había aquí, en el Urumea, y nada digamos con los de Fuenterrabía o.Guetaria. Pero producía barquitos, incrementando la flota pesquera donostiarra.

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