miércoles, 13 de marzo de 2013

CUANDO LLEGA EL INVIERNO

Los calendarios seguían señalando que los donostiarrás se encontraban aquellos ultimos días de octubre de 1896en otoño, pero la gente decía que había llegado el invierno. Ya habían salido a la luz capas y gabanes, se encendían las estufas y braseros. Y la.cosa estaba peor por otros sitios como Orduña, Pagasarri, Vitoria, Burgos, Segovia, Avila y Soria... donde había nevado copiosamente. Hacía un frío intensísimo en Madrid.De San Sebastián se iban los últimos veraneantes que quedaban. El periódico daba sus nombres, que yo copio: se habían marchado los marqueses de Pickman, y sus hijos los señores de León y Primo de Rivera, el exministro don Pío Gultán, los barones de Cotróstegui, la familia Soriano-Murillo, la marquesa de Donadío...Además había aparecido las castañeras, estampa típica del invierno. Su ajuar era bien modesto: un mal banquillo, un cajón con algo de paja donde metían los pies para no helarse dé frío, un hornillo con brasa yuna sartén agujereada donde se asaban y reventaban al calor las castañas, hoy anuncio ciudadano del invierno.¡Castañas! Manjar agreste que nos recuerda el aurresku frente a la iglesia del pueblo, el tamboril en la plaza, las veladas lóbregas e interminables del caserío, el aitona patriarcal rezando el Rosario... Ya están ahí las castañeras desafiando al tiempo e invitándonos a regularlas al grito de ¡asaditas, calientes!Aquel 18 de octubre de 1896 todo estaba presto para la marcha de la Corte: el tren formado en la primera vía de la estación; los focos eléctricos brillaban con todo esplendor tanto en el andén exterior como en el interior; el elemento oficial iba camino de la estación, y a la Avenida, al paseo de los Fueros y al puente de Santa Catalina comenzaban a afluir gentío inmenso, curiosos de presenciár la marcha de los Reyes.De súbito se supo que la familia real había aplazado el viaje. La noticia circuló con la rapidez del rayo. La razón que se dio fue la súbita indisposición sufrida por la infanta María Teresa, a la que el viaje de noche, según los médicos, podía perjudicar. En la estación se reunieron los altos empleados de la compañía para formar el nuevo itinerario, acordándosé que el tren real saliera a las 9.50 de la mañana del día 19. El 21 de octubre de 1886 hubo función en el Teatro Principal, pero aquel día los espectadores se hallaban fuera del edificio, frente a su fachada. La compañía francesa que iba a trabajar envió a un operador, M. Rolland, que con un potenté aparato exhibió en la fachada diversas escenas de la pieza Martyr, así como los retratos de los artistas que formaban la «troupe». La calle de Embeltrán estuvo repleta de gente.


KOXKAS - R.M. - DV - 17/05/2003

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