miércoles, 7 de septiembre de 2022

EL PRIMER ACTA DE ZUBIETA

 EL PRIMER ACTA DE ZUBIETA


Las sesiones de Zubieta constituyen el hecho más grande que registra la historia de San Sebastián. Son digna de inmortal memoria, que todos los donostiarras tenemos que recordar. 

El historiador Francisco López Alén recoge en pocas líneas el acontecimiento del 8 de septiembre de 1813 diciendo: «Todavía se hallaba humeante la destruida ciudad donostiarra; la vecindad había desaparecido despavorida, unos a los caseríos, otros a los pueblos lindantes, los supervivientes buscaron un albergue, un asilo donde guarecerse; la hecatombe del 31 de agosto y demás días produjo en el corazón del pueblo entero, espanto y pánico que, aún hoy -escribe en 1905- sus descendientes sentimos el mismo terror al recordar la fecha tan. tristemente memorable, cuyos relatos oímos en nuestra infancia a nuestros abuelos, víctimas de aquella página infausta.

Ya no existía San Sebastián, así la casa del marinero como la del industrial, y los renombrados palacios de los Echeverri y de los Mortara, y de los Balencegui y de los Amézqueta, todo fue pasto de las llamas; los iniciadores de la desgracia no cesaron en su criminal proceder hasta ver reducida a cenizas, sin ninguna clase de consideraciones, la ciudad de nuestros mayores».

Un grupo de donostiarras, muy reducido, con el espanto aún en los ojos, se reunió en Zubieta el 8 de septiembre, y una voz surgió de una garganta easonense y dijo: «¡Señores, si la patria necesita más sacrificios, estamos dispuestos a más; nada importa que nuestras casas y nuestras haciendas se hayan perdido y que nuestros solares hayan quedado convertidos en montones de escombros; si preciso fueran otros sacrificios, aquí están todavía nuestras vidas dispuestas siempre a darlas por la patria!>>

El acta de la primera reunión de Zubieta comienza así: «...y después de triste y profundo silencio interrumpido por los sollozos y lágrimas excitadas al verse reunidos los señores concurrentes, pálidos, macilentos, traspasados de dolor y desarrapados los más, hablaron alternativamente los dos señores alcaldes, aplaudiendo el celo patriótico que manifestaban todos los señores con haberse reunido aquí, abandonando sus familias y olvidando sus particulares desgracias a tratar del partido que había de tomarse en estas tristes circunstancias en favor de todo el vecindario».

Uno de los primeros acuerdos fue el de reconstruir la población: «Erijamos un ayuntamiento que reúna la voz y representación y derechos de todos los vecinos, y lleve el nombre de ciudad de San Sebastián, para que suene su existencia política, ya que ha desaparecido la física por su quema total». El resultado, a la vista está.


7 Septiembe 2002 KOXKAS R.M.


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