sábado, 26 de octubre de 2024

1997 - Viejas calles

 LAS calles de San Sebastián no tenían antes del incendio de 1813, la regularidad de las modernas, tiradas a cordel, pero su número y nombres eran casi los mismos que existían hasta 1863. El aspecto de la ciudad era eminentemente militar, no sólo por las murallas, sino también por a disposición y trazado de sus calles.

1995 - La capital de Guipúzcoa

 De niños, todos estudiamos aquello de "Tolosa, antigua capital foral". Y no entrábamos en más detalles, en conocer cuando empezó a ser capital, limitándonos a saber cuando dejó de serlo.

Todo comenzó en 1820, cuando se cambió la antigua división territorial de España, decretándose entonces la división en provincias y señalando a cada cual su capital.

La comisión encargada de la nueva división territorial, proponía que fuera Tolosa la capital de Guipúzcoa, y don José Manuel Collado, en una nota que hizo repartir a los diputados a Cortes el 17 de octubre de 1821, indicaba la conveniencia de que tal honor correspondiera a San Sebastián.

Al poco tiempo se recibió la noticia en San Sebastián de que se habían colmado sus deseos y el Ayuntamiento acordó celebrar el acontecimiento con iluminación y festejos.(acta municipal 21.10.1821)

Entonces se publicaba en San Sebastián un periódico, El Liberal Guipuzcoano, que el 26 de octubre de 1821 publicó un suplemento en el que se señalaban los méritos que reunía nuestra ciudad para ser la capital de la provincia, méritos muy superiores  a los de la otra aspirante, Tolosa.

El Ayuntamiento donostiarra, al tener conocimiento de la designación de San Sebastián como capital de la provincia, dirigió un mensaje a la Reina Gobernadora expresándole su gratitud por el acuerdo adoptado.

Pero no todo fue tan sencillo como podía parecer.

Las Juntas Generales recurrieron contra la decisión citada, pidiendo que la Diputación y el Corregimiento se establecieran en lo sucesivo en la villa de Tolosa.

La Diputación alegó que conforme a Fuero no había capital de Guipúzcoa y agregaba la conveniencia que sus sesiones se celebrasen en punto más céntrico que San Sebastián.

Así estaban las cosas cuando el 19 de enero de 1844 un Real Decreto vino a resolver la cuestión.

En su parte dispositiva decía:

"La capitalidad de la provincia de Guipúzcoa se trasladará a la villa de Tolosa".

Los donostiarras no querían quedarse sin la capitalidad, y su Ayuntamiento acudió al ministro de la Gobernación en súplica y consiguió que se dictase un nuevo Real Decreto con fecha 23 de agosto 1854 que resolvía el pleito, disponiéndose que la capitalidad de la provincia volviera a la ciudad de San Sebastián.

Tomo estos datos de un estudio publicado por Shagu-Shagu que conocía bien nuestra historia.

DV. KOXKAS - R.M. - 26/10/1995


martes, 15 de octubre de 2024

jueves, 10 de octubre de 2024

1982 - Comercio

 La prosperidad económica de San Sebastián se basó en diversos pilares. Uno de ellos fue el de las relaciones mercantiles que manteníamos ya en los siglos XIV y XV con media Europa. Es decir, mucho tiempo antes que se creara la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas.

Pueblo de navegantes, a los hijos de San Sebastián igual que a los de Fuenterrabía o Guetaria, no les asustaban los peligros que el mar encierra y con débiles embarcaciones surcaban las aguas del océano lo mismo para la pesca del bacalao o la ballena que para llevar a los puertos lejanos los hierros de nuestras ferrerías o la lana de las ovejas merinas que por los caminos de la Meseta iban tras los pastos y las buenas temperaturas.

Don Pablo de Alzola, al explicar el origen del nombre de la calle de los Esterlines, refiere que los vascos tenían hace cinco siglos factorías en Flandes, Inglaterra, Escocia, Alemania y Francia y que mantenían muy importantes contactos mercantiles con los Hanseáticos o Esterlines. Entonces San Sebastián tenía una preponderancia en orden a la contratación de diversos productos, hasta tal punto que según refiere Alzola en cita que tomo de don Serapio Múgica, "San Sebastián era por su mayor antigüedad, respecto de Bilbao, el centro de contratación más importante de la costa cantábrica y la plaza más frecuentada por los teutónicos. Tendrían éstos a su vez alguna lonja y hospederías en la "calle de los Esterlines" de la vieja Donostia, derivándose su nombre de esta circunstancia".

Pero antes de comerciantes, los donostiarras eran marinos y en el puerto de Pasajes, que entonces estaba dentro de la jurisdicción de San Sebastián, instalaron pesquería y almacenes y allí llegaban no solamente barcos guipuzcoanos sino otros de la vecina Francia, señal de que el comercio de productos del mar resultaba más interesante en nuestro puerto que en otros de la costa.

Tal vez haya sido la presencia gascona en San Sebastián la que haya influido de una manera decisiva en ese espíritu mercantil que tanto arraigo ha tenido entre nosotros. El hecho es que cuando los gascones ocupaban los puestos importantes de la Administración de la ciudad, como los de alcalde y preboste. San Sebastián no quiso perder la baza de Pasajes, puerto más seguro que el nuestro y que ofrecía mejores condiciones para el comercio. Lo que los donostiarras de hace cinco siglos querían era que Pasajes fuera de San Sebastián y si no triunfaron totalmente en sus deseos, algo consiguieron, pues Pasajes de San Pedro estuvo anexionado a San Sebastián hasta el año 1805.

El mar como vehículo ideal de transporte, la proximidad a Francia, la influencia gascona, el espíritu emprendedor y la iniciativa, todo ello ha contribuido a la prosperidad mercantil de San Sebastián, prosperidad de la que hay abundantes referencias en los escritos de quienes por aquí pasaban y que se hacían lenguas del comercio que en un pueblo se desarrollaba. Comercio que ha sabido acomodarse a la marcha del tiempo y sigue estando tan al día como el de las grandes ciudades de España y del extranjero.

DV - KOXKAS - R.M. - 10/10/1982


1990 - Comerciantes

 El comercio que se hacía en San Sebastián con el exterior, estaba en su mayoría en manos francesas, a excepción del que llevaba a cabo la Compañía de Filipinas. Según documentos que publicó el marques de Seoane, los españoles que giraban por sí casi se reducían al alcalde de la Justicia don Josef Aranalde, natural de San Sebastián , que tiene caudal y giro propio; a don Diego Echagüe, a quien sucede lo mismo y a don Javier Larreandi, que tiene un caudal regular aunque poco giro.

En la relación que publicó Seoane se menciona a los siguientes comerciantes, con el concepto que cada uno le merecía al autor del documento:

Estamos en 1785 y se dice: "El actual prior del consulado don Francisco Pollo y Sagasti, aunque hombre de caudal adquirido en Cádiz en casa del comerciante don Matías de Landaburu, a quien sirvió muchos años, no tiene giro conocido en este país.

El cónsul don Juan Ibañez de Zabala, está generalmente reputado por de poco fondo y giro. Lo mismo don Juan Carrera, que también ha sido cónsul. El otro cónsul actual, don Bernardo de Mendía carece de giro hallándose precisado a valerse para su subsistencia de los doscientos pesos que tiene de salario anual por el Consulado.

Don José Domingo de Huici, que ha sido varias veces cónsul, está generalmente reputado por hombre de conveniencias, pero sin mayor giro y se le tiene por factor de casas francesas que no quieren dar la cara.

Don Ignacio de Lopeola tiene un caudal muy saneado, pero sin otro giro que el de Caracas, por la Compañía de Filipinas de que es director en San Sebastián. Don Tomás Goicoechea, no tiene tampoco otro giro que las comisiones del Banco Nacional de San Carlos para los herrages para la armada y provisión de la tropa. Don Juan Fermín de Galain, natural de Navarra, tiene algún corto fondo y no es comerciante de por mayor, sino de por menor, con una tienda de venta de tabaco y otras menudencias, siendo cajero del Tesoro de la Compañía de Filipinas, que le da un corto sueldo, pero se auxilia con comisiones de extranjeros.

El escribano de número don Juan Francisco Cardaveraz es de caudal conocido y mucho giro en Europa y Amércica, habiendo hecho su caudal con la extracción de la plata para Francia. Aunque dirige su escritorio , no da la cara en los negocios sino sus cajeros Párraga y Barandiarán que es el nombre que lleva la compañía de su comercio y según fama está coligado en todos los negocios que se le conocen con las casas francesas de Franciné Betveder.

Don Ignacio Inciarte tiene una cordelería en que fabrica algunas jarcias, pero no se le conocen fondos. Don Manuel de Iturralde tiene una fábrica de lienzos pintados, en que su actividad e inteligencia va haciendo progresos y no le faltan ya fondos para sostenerla. Don Silvestre Yarza no tiene caudal ni giro conocido, habiendo sido dependiente del escritorio de don Juan José de Michelena. Don Federico Aizcorde tiene algún fondo y giro así propio como de comisión. Don Domingo de Irulegui no es hombre de conveniencias y se cree que las embarcaciones  que navegan a su nombre sean de franceses; habiendo él servido a la casa francesa de Iturralde. Don Juan José Vicente de Michelena ha sido cónsul y tenido conocido giro y caudal que le dejó su padre que ganó mucho en el corso contra ingleses desde el año 1740, pero en el día no hace  comercio alguno, por hallarse inhabilitado para comerciar. ((El original se halla en el Ministerio de Marina)

DV - KOXKAS - R.M. - 10/10/1990

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