martes, 18 de octubre de 2022

LA MUERTE DE CARRIL

 La muerte de Carril


El vencedor de la famosa regata San Sebastián contra Ondarroa celebrada el 2 de diciembre de 1890 moría en el mar el 19 de octubre de 1892. Fue llorado en todo el litoral. El héroe del Cantá brico quedaba para siempre sepultado en las aguas, sobre las que vivió la mayor parte de sus. días. Recordemos el triste suceso.


Era un día de bonanza, el mar se hallaba tranquilo, el sol de otoño lucía espléndido. De madrugada, todavía noche cerrada, se hizo a la mar desde el puerto de San Sebastián la trainera de Luis Carril. Doce hombre bogaban a sus órdenes en busca de bocarta. Pero la pesca se les dio mal, cogieron cuatro bonitos y poco más por lo que decidieron volver a puerto. Día perdido, como tantos otros en este sufrido, duro y a veces trágico oficio de la pesca.


Estaban a nueve millas de la costa cuando una ráfaga de viento que había comenzado a pegar fuerte hizo que la trainera zozobrara. Era la una de la tarde y comenzaba el drama. Como podían, aguantaban aquellos trece hombres esperando que alguna barca se apercibiese del naufragio y les auxiliara. Algunos, como Carril, se despojaron de sus ropas para aguantar mejor. La ayuda no llegaba, el oleaje crecía, las fuerzas comenzaban a fallar, pues la resistencia humana tiene unos límites. El frío se iba apoderando de los cuerpos de los bravos mariñeles qué, uno a uno, se daban por vencidos y desaparecían entre las aguas. Seguían algunos agarrados al casco de la trainera. Habían izado un remo al que habían atado una camisa como banderola que significaba un SOS todavía esperanzador. Uno de aquellos hombres, Ascensio Landaberea, al ver que una lancha pasaba relativamente cerca, hizo señales a sus compañeros, pero fueron inútiles, no les vieron.


Carril intentaba dar valor y fuerza a sus compañeros. Perdida toda esperanza, sólo les quedaba la ayuda de Dios. Les dijo el patrón: «Si salimos de ésta, iremos descalzos a Lezo a 'sacar' una misa al Santo Cristo...» Los minutos parecían horas y sobre las tres de la tarde, desfallecido, agotado, Carril se hundió en el agua. Algunos compañeros intentaron ayudarlo, pero el oleaje lo impidió. El mar exigía su tributo, y el vencedor olímpico como le llamaron los periódicos tras la victoria sobre Ondárroa, desapareció definitivamente. Había resistido dos horas.


A las cuatro de la tarde se acercó la lancha calera «Avelina>>, patroneada por Francisco Iturriza «Pólvora» que había visto los restos del naufragio. Todavía quedaban con vida, agarrados a su barca, cuatro hombres: Ramón Echenique, Lorenzo Ituarte, Pedro Galdós y Ascensio Landaberea. Todos los demás, habían desaparecido: Luis Carril, José Joaquín Landa, José María Taberna, José Beobide, José Miguel Egaña, Luciano San Sebastián, Francisco Aguirre, Mariano Blanco y Manuel Uribe


Carril tenía el proyecto de retirarse de la pesca cuando terminara la temporada de bocarta. El mar lo retiró antes. La lancha que tripulaban los náufragos era la misma que había zozobrado hacía tiempo, yendo tripulada por el padre de Carril y de Mariano Blanco.


Las ayudas a las familias abundaron, el Casino organizó un concierto benéfico, la Unión Artesana una estudiantina. La suscripción popular abierta alcanzó el primer día la cantidad de 4.123,25 pesetas con donativos que iban desde las mil pesetas a los veinticinco céntimos.


KOXKAS 18-X-86 R.M.

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