sábado, 21 de mayo de 2022

EL DENOMINADOR COMÚN

 El denominador común


El denominador común de nuestras sociedades populares es triple: la democracia, la gastronomia y la no admisión de mujeres en sus locales.

Respecto al primero de ellos. es notorio y público el criterio que se sigue en la fundación de estas sociedades y las normas. por las que se rigen. Sus socios suelen pertenecer a diversas capas sociales y culturales, pero alli todos son iguales, con análogos derechos e idénticas obligaciones. Recuerdo que al final de la década de los cuarenta llegó a San Sebastián a participar en las conversaciones católicas internacionales que había creado don Carlos Santamaria y que tanta importancia y tanto eco tuvieron en España y en Europa el escritor Robert Havard de la. Montaigne. Era un estudioso que habia publicado bastantes libros, uno sobre la moderna democracia cristiana, en el que partia de las relaciones entre el cristianismo y la revolución, trabajo en el que arrancaba de los días ya lejanos de Lamennais. Pues bien aquel pensador fue invitado a cenar a una de estas sociedades populares. A la mesa se sentaron gentes diversas, desde abogados y notarios a médicos y escritores. Allí estaban todos en mangas de camisa alternando con un vendedor de colchones y un pescador. Cuando se le explicó a M. Havard de la Montaigne cómo funcionaba aquella para él sorprendente sociedad, exclamó: "¡Esta es democracia y no la que inventaron los griegos!».

El segundo denominador común de estas sociedades es la gastronomía. José Maria Salaverria, que tanto viajó por las Américas, refiere que una vez que llegó a las soledades del territorio de misiones, al extremo de Argentina, estuvo en un pueblo formado por hombres de las más diversas razas del mundo.. Conoció a un bilbaino y se hicieron amigos y al punto comenzaron a evocar al País Vasco y no hablaron de glorías pasadas, del progreso o de los intelectuales euskaldunes, sino de la cocina vasca. Aquel vizcaíno, cuenta Salaverria, no contemplaba la imagen de su pueblo querido sino en la forma sentimental y enternecedora de una cazuela de merluza. Entonces empecé a darme cuenta que un sentimiento tan puro y elevado como el del patriotismo puede alojarse, por una serie de sinuosidades del inconsciente en el propio centro del estómago». Y Salaverria hacia el canto al bacalao afirmando que ningún otro pueblo como el vasco ha sabido transformar ese manjar humilde o grosero en una cosa delicada y verdaderamente divina. "Quien no ha visto preparar a una cuadrilla de hombretones vascos una gran cazuela de bacalao, no sabe lo que es la religiosidad traspasada al guiso». 

En las sociedades populares se sigue rindiendo culto a la cocina y según Rafael Aguirre Franco es en estos sitios donde se ha refugiado la buena cocina vasca.

Y respecto a la no admisión de las mujeres tal vez su origen se halle en el instinto de liberación del hombre del dominio de la mujer en la casa.


R.M.


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